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El Legado del Ignorantismo - Conferencia Dada el 23 de Abril de 1920 Ante la Asamblea de Maestros en Baguio

el Dr.Ángeles no son tan sólo las de la antigua gentilidad delos filipinos que los misioneros,
después de másdetres siglos, no han logrado destruir completamente. Las supersticionesa que se
refiere en esta conferencia son las traídas por esosmismos misioneros y que han logrado
fácilmente hacer penetrar enla conciencia filipina, dispuesta naturalmente a la credulidad,
pormedio de la propaganda eficaz y generosamente esparcida en las novenasy otros libritos
llamados de devoción.
Como hasta la llegada de los americanos la enseñanza enFilipinas fué siempre y exclusivamente
religiosa, y dirigida porlos sacerdotes romanos, la persistencia de antiguas supersticiones sonuna
demostración del fracaso de la educación religiosa.Tendrían por excusa los misioneros culpar a
la rudeza invencibledel filipino, que podríamos admitir por cortesía y paraevitar discusiones.
Pero lo grave no es [70]que ellosno pudieron quitar algo de la supuesta cabeza dura del indio,sino
el tremendo caudal de supersticiones que durante más detres siglos, esos misioneros han hecho
penetrar en esa mismacabeza con tan grave perjuicio para su mentalidad y su moralidad.
[Índice]
Falta de voluntad
El pecador falto de voluntad para refrenar sus malas obras le dice aJesús, lavándose las manos en
la intervencindivina y dando testimonio de la falta de sentido de responsabilidad:“Es posible,
dulcísimo Salvador de las almas, queconvirtiendo tantos cada día, solo á la pérdidade la mía te
has de demostrar insensible?”(Pág. 13.) Esta es una parte de una oracin compuestanada menos
que por el Sumo Pontífice Gregorio VII, en suEJERCICIO DEVOTO DE LA PASIÓN DECRISTO
(Manila, 1905).
También se dice a la Virgen: “Limpiad, VírgenInmaculada, mi corazn de todo pecado, y echad
de mí todoaquello que desagrade a vuestros ojos purísimos. Purgad mi almade los amores y
afectos terrenos.” (Págs. 10-11; CoronaFranciscanade la Virgen María. Manila, 1902.)
Por la intercesión de San Francisco el devoto pide a Diosque: “Yo sujete en un todo mis
desordenadas pasiones, potencias ysentidos,” para que “yo pueda reducir mis
pensamientos,medir mis palabras y dirigir mis obras a la mayorperfeccin,” y “que te dignes
ablandar la dureza demi corazn.” (Págs. 18, 20 y 21 de la novena a SanFrancisco de Asís.
Manila, 1899.)
Asustado de las maquinaciones de Satanás, el devoto a SantaFilomena le pide (pág. 23, Nov.),
“que alcances delSeor el que quiebre más y más las fuerzas de miscontrarios, los demonios, y
que me salve a pesarmío.”
Se invoca el auxilio de Santa Filomena diciendo (pág. 25,Nov.): “Haz que yo también sea casto,
según miestado, y que mi boca no profiera ninguna de aquellas palabrasque según San Pablo, no
deben nombrarse entre losfieles.”
 
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