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El Intruso

país la descoyuntaban formándola á su gusto, haciendo
uncrimen del instinto del sexo, obligándolo á refugiarse en
inmundosrincones. Los ricos que podían proporcionarse las
dulzuras amorosas consu más seductora decoración, entraban al
amparo de la noche, ocultándosecomo criminales en casas
frecuentadas por soldados y marineros. Otros,más audaces,
asediaban á la costurerilla de la familia y comenzaban conella
una novela de amor, insípida y vulgar, conservándola en la casa
delos padres que aceptaban sin protesta el amancebamiento á
cambio de laprotección del rico. Se desterraba al amor para
permitir el negocio. Lacortesana estaba proscrita por cara y
peligrosa: pero se toleraba elpadre pobre que transige con la
prostitución de la hija, porque ayuda áir viviendo y se oculta en
la propia casa.
¡Ni amor, ni bailes, ni trato social entre los dos sexos; ni
expansionesde la juventud! Aresti lo declaraba irritado: la vida
estaba momificadaen su país. Era un cementerio muy hermoso,
en el cual no había más seresvivos que los pájaros negros que lo
cubrían con sus alas. Sólo en lasúltimas capas sociales existía
algo de alegría, allí donde llegabanamortiguadas ó no llegaban
las influencias de la religión.
El doctor únicamente había sentido el roce de la vida, algún
domingo porla tarde, en los chacolines de las afueras ó en la
explanada de laCasilla, donde las criadas y los obreros
danzaban, al son de orquestascallejeras, los bailes vascongados
y de la montaña de Santander.
Los demás estaban muertos por el fastidio ó corrompidos por
la opresión.Conocía jóvenes ricos, sin otras aspiraciones que
cambiar ocho veces detraje todos los días. Otros iban en
automóvil por las calles, sin rumbodeterminado, parándose ante
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