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El Idilio de un Enfermo

recibe esta simpatía como una herencia sagrada.Corta es, pero
ha sido ganada con alegría y sin mancilla.
Il a tout, il a l'art de plaire,
Mais il n'a rien s'il ne digère.
VOLTAIRE.
I
Abriose la puerta y entró en la sala un joven flaco, que saludó
a loscircunstantes inclinando la cabeza. Las dos señoras,
sentadas en eldiván de damasco amarillo, y el caballero de
luenga barba, situado alpie del balcón, le examinaron un
momento sin curiosidad, contestando conotra levísima cabezada.
El joven fue a sentarse cerca del velador quehabía en el centro, y
se puso a mirar las estampas de un librolujosamente
encuadernado.
Reinaba silencio completo en la estancia esclarecida a
mediassolamente. La luz del sol penetraba bastante amortiguada
al través delas persianas y cortinas. Detrás de la puerta del
gabinete vecinopercibíase un rumor semejante al cuchicheo de
los confesonarios.
El caballero de la barba se obstinaba en mirar a la calle por
lasrendijas de la persiana, dándose golpecitos de impaciencia en
el muslocon el sombrero de copa. Las señoras, sin despegar los
labios y consemblante de duelo, paseaban la mirada repetidas
veces por todos losrincones de la sala, cual si tratasen de
inventariar la multitud deobjetos dorados que la adornaban con
lujo de relumbrón.
 
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