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El Idilio de un Enfermo

PRECIADOS, NÚMERO 48.
1894
ES PROPIEDAD DEL AUTOR
MADRID.—Hijos de M. G. Hernández, Libertad, 16 dup.º
DEDICATORIA
A mi hijo.
Con grata sorpresa pude averiguar que algunas de las obras
que helanzado a la publicidad estaban agotadas y otras a punto
de estarlo. Fuepasión incontrastable de mi ánimo, no esperanza
de lucro o de gloria, laque me arrastró a novelar en esta edad tan
poco feliz para las musas.Desde que, recién salido de las aulas,
entregué mis primeras cuartillasa la imprenta, vi claramente que
no era ésa la vía para lograr loshalagos de la vanidad ni los
regalos del cuerpo.
Nuestra nación se halla desde hace algunos años con
disposiciónindiferente, más bien hostil, hacia todas las
manifestaciones delespíritu. La pasión de lo útil, un sensualismo
omnipotente, invade ala sociedad española, y muy
singularmente a esa clase media que en laprimera mitad del
siglo tantas y tan gallardas muestras dio de su amor alo justo y a
lo bello. La juventud, de quien suelen partir los
impulsosgenerosos, los anhelos espirituales, no se ocupa
actualmente sino enabrirse paso a codazos para llegar al poder, a
la influencia, a lacomodidad. Mi padre me decía que, en su
tiempo, viendo un joven errarsolitario con un libro entre las
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