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El Deseo

autopsia. Como era deprever, la muerta no había logrado hacer
desaparecer completamente lashuellas de su suicidio: en el vaso
encontrado en su mesa de noche,quedaban adheridas al vidrio,
gotas de un líquido cuyo sabor indicabaclaramente, aun a los
profanos, que se trataba de una solución demorfina. El
descubrimiento fue completo cuando encontraron en el jardín,en
el suelo, entre unos matorrales de oxiacanto, los fragmentos de
unfrasco, en cuyo cuello una parte del veneno disuelto había
dejado unreguero blanco, de cambiantes reflejos.
Manifiestamente, había sidoarrojado por la ventana, y tenía aún
el rótulo que indicaba, con lafecha de la receta, la manera de
tomar la poción.
En estas condiciones, habría sido pura locura de parte del viejo
médico,aun cuando a ello se hubiera atrevido, querer ocultar la
intención delsuicidio, pues toda suposición de un simple abuso
de narcótico quedabadescartada.
No por eso dejaba de abrumarse con reproches por no haber
podido cumplirel último deseo de la muerta, y se juraba a sí
mismo guardar másfielmente que nunca el secreto sobre los
motivos de esa resolucióndesesperada.
¡Si siquiera hubiera podido saberlo él mismo! Pero los días
pasaban ytodavía no había podido entrar en posesión del legado
que le había hechoOlga.
La señora Hellinger desconfiaba de él, le decía en su cara que
siemprehabía maquinado intrigas con la muerta, y a sus espaldas
agregaba que,si no hubiera prescripto soluciones de morfina de
una violenciainconsiderada, la pobre Olga habría vivido en paz
mucho tiempo todavía.Poco faltaba para que echara sobre el
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