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El Deseo

Un día, papá entró en la cocina donde estábamos, y tomando
una expresiónindiferente, se paseó un instante por entre los
calderos, resoplando ygolpeando con su varilla las largas cañas
de sus botas.
—¿Te has vuelto inspector de cocinas hoy, papá?—dije.
Él soltó una risa breve y dijo:
—Sí, me he vuelto inspector de cocinas.
Y después de haber andado todavía algunos minutos en
silencio, se detuvode improviso delante de Marta y dijo:
—Si tuvieras tiempo, hija mía, ¿podrías quizá venir un
momento? Tumadre y yo tenemos que hablarte.
—¡Vaya, vaya, ahora comprendo esos largos preliminares!
¿Puedo asistiryo también a la entrevista?
—No—respondió él,—tú te quedarás en la cocina.
Durante un instante el silencio reinó en la casa; en torno mío el
vaporsilbaba, las cacerolas cantaban, la sirvienta hacía gran
ruido allimpiar los cuchillos, pero de repente se oyó, dominando
todo ese ruido,un grito breve y estridente que no podía provenir
más que de Marta.
Temblorosa agucé el oído, y en el mismo instante papá se
precipitó en lacocina gritando:
—¡Agua!
Pasé a su lado como una exhalación, y encontré a mi hermana
tendida enel suelo, sin conocimiento, con la cabeza sobre las
rodillas de mamá.
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