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El Arroyo

El Arroyo
ELÍSEO RECLUS
EL ARROYO
#El ARROYO#
Elíseo Reclus
Traducción de A. López Rodrigo
#EL ARROYO#
CAPÍTULO PRIMERO
#La fuente#
La historia de un arroyo, hasta la del más pequeño que nace y se pierdeentre el musgo, es la historia del
infinito. Sus gotas centelleantes hanatravesado el granito, la roca calcárea y la arcilla; han sido nievesobre
la cumbre del frío monte, molécula de vapor en la nube, blancaespuma en las erizadas olas. El sol, en su
carrera diaria, las ha hechoresplandecer con hermosos reflejos; la pálida luz de la luna las hairisado apenas
perceptiblemente; el rayo la ha convertido en hidrógeno yoxígeno, y luego, en un nuevo choque, ha hecho
descender en forma delluvia sus elementos primitivos. Todos los agentes de la atmósfera y elespacio y
todas las fuerzas cósmicas, han trabajado en concierto paramodificar incesantemente el aspecto y la
posición de la imperceptiblegota; á su vez, ella misma es un mundo como los astros enormes que
danvueltas por los cielos, y su órbita se desenvuelve de cielo en cieloeternamente y sin reposo.
Toda nuestra imaginación no basta para abarcar en su conjunto elcircuito de la gota y por eso nos limitamos
á seguirla en su curso y sucaída, desde su aparición en la fuente, hasta mezclarse con el agua delcaudaloso
río y el océano inmenso. Como seres débiles, intentamos medirla naturaleza con nuestra propia talla; cada
uno de sus fenómenos seresume para nosotros en un pequeño número de impresiones que hemossentido.
¿Qué es el arroyo, sino el sitio hermoso y apacible donde hemosvisto correr el agua cristalina bajo la
sombra de los álamos,balancearse sus hierbas largas como serpentinas y temblar agitados losjuncos de sus
islitas? La orilla florida donde gozábamos acostándonos alsol, soñando en la libertad, el sendero tortuoso
que bordea el margen yque nosotros seguimos con paso lento contemplando el curso del agua, laarista de la
piedra desde la cual el agua unida en apretado haz seprecipita en cascada ó se deshace en espuma; he ahí lo
que en nuestrorecuerdo es el arroyo, casi con toda su infinita y compleja naturaleza,puesto que lo restante
se pierde en las obscuridades de lo inconcebible.
La fuente, el punto donde el chorro de agua, oculto hasta allí, semanifiesta repentinamente, es el paraje
encantador hacia el cual nossentimos invenciblemente atraídos; que ésta parezca adormecida en unprado
como simple balsa entre los juncos, que salga á borbotones de laarena arrastrando laminitas de cuarzo ó de
mica, que suben y bajanarremolinándose en un torbellino sin fin, que brote modestamente entredos piedras,
á la sombra discreta de los grandes árboles, ó bien quesalga con estrépito de una abertura de la roca ¿cómo
no sentirsefascinado por el agua que acaba de salir de la obscuridad y tanalegremente refleja la luz?
Gozando nosotros del espectáculo encantadorque el manantial nos ofrece, nos es fácil comprender por qué
los árabes,los españoles, los campesinos de los Pirineos y otros muchos hombres detodas las razas y de
todos los climas han creído ver en las fuentes«ojos» de seres encerrados en las tenebrosas entrañas de las
rocas, conlos cuales contemplan el espacio y la verdura. Libre de la cárcel que laaprisionaba, la ninfa alegre
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