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El Abate Constantín

ópera cómica en tresactos; La madrecita (1880), tres actos; Janot (1881), ópera
cómicaen tres actos; La Roussotte (1881), comedia en tres actos.
Además de sus producciones para el teatro, Halévy ha publicado Laseñora y
el señor Cardinal (1872); La invasión, recuerdos ynarraciones, colección de
artículos sobre la invasión prusiana, quevieron la luz pública en «Le Temps»;
El sueño; El caballo deltrompa; El último capítulo (1873); Notas y recuerdos
(1870-1872);Marcelo (1876); Las pequeñas Cardinal (1880); Un matrimonio
poramor (1881); El abate Constantín (1882); Criquette (1883); Lafamilia
Cardinal (1883); Princesa (1886); Tres centellas (1886);Karikari, Un vals, etc.
(1891), forman un volumen de preciosasnarraciones.
Aunque no haya escrito para el teatro sino en colaboración, y supersonalidad
desaparezca en casi todas sus obras colectivas, Halévy hasabido desprenderla
en sus novelas, obras individuales, como lo dicePailleron, concebidas en un
sentimiento particular, expresadas en unaforma completamente moderna,
selladas de parisianísmo; «en libros cortospara que los lea el parisiense; en su
lengua de iniciados para que loscomprenda, con espíritu despreocupado
aparentemente, burlón, alegre, ycon pretextos bastante hábiles para emocionar
sin ser descubiertos.»
Ludovic Halévy fue elegido académico, y en la sesión pública del 4
defebrero de 1886, ocupó el sillón vacío por muerte del CondeD'Haussonville.
Del discurso pronunciado por Pailleron, director de laAcademia, sacamos el
juicio sobre El Abate Constantín:
«...De este género fino hasta refinado, de esta literatura elegante ydiscreta,
vuestro volumen Dos matrimonios es quizá el tipo másacabado, ejemplar más
simpático, pero el tiempo me ha sido contado paraque pueda detenerme.
Prefiero ir directa, francamente, a aquellas obrasque señalan las fechas de
vuestros más grandes triunfos: El AbateConstantín, La invasión, y desde luego,
y sobre todo... miro si labóveda de esta cúpula austera va a desplomarse en mi
cabeza... sobretodo El señor y la señora Cardinal.
»Pero habéis hecho obra de varón, señor, en otro de vuestros libros;habéis
rehabilitado la virtud. Habéis emprendido la tarea de hacerlaamar por ella y
para ella. Ahí hay audacia, algunos la llaman habilidadporque habéis triunfado;
pero ¿quién hubiese sido bastante hábil paraprever, en los tiempos que corren,
el éxito de semejante tentativa?Nadie... ni aun vos mismo.
»Porque al fin, por triste que sea es necesario confesarlo, por pocoacadémico
que sea, es preciso decirlo: la virtud no figura ya en elmovimiento moderno.
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