Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Dulce y Sabrosa

magnífico abrigo gris, largo y muy ajustado altalle; sombrero de
anchas alas, adornado con lazos negros; en la mano unsaquillo
de piel de Rusia, y al subir al vagón mostró que, según
sucostumbre, iba primorosamente calzada. La doncella vestía
con decencia,pero de modo que nadie pudiera dudar que fuese
criada.
Ella sentada dentro del vagón, y él de pie en el estribo, Cristeta
y donJuan estuvieron hablando un buen rato y sin testigos
enojosos, porquedoña Frasquita no permitió que su marido fuese
a la estación paradespedir a su sobrina.
—¿Qué día vendrás?—preguntó ella a su amante.
—Lo antes posible.
—Piénsalo bien—dijo luego Cristeta mirándole con severidad
no exenta decariño—. Te agradezco mucho todas tus finezas;
pero..., no puedoadivinar qué fin va a tener esto. Conozco que te
quiero, y éste es unmal... ¡sabe Dios! Ahora estamos a tiempo...
Si te has de portar malconmigo... déjame. Por lo menos, el
recuerdo que conserve de ti notendrá nada de rencor.
—¡Tonta mía! ¡Qué cavilosa eres!
—Es que... entiéndelo bien... nunca me resignaré a que mi
amor sea cosade juego. Yo podré no tener exigencias ridículas;
pero tampoco me dejarétratar como... ya me comprendes.
Don Juan, no sabiendo qué responder a tan sinceros avisos, se
contentabacon mirarla rendidamente.
De pronto silbó la locomotora, lanzó tremendos resoplidos,
crujieron losherrajes, arrancó el tren, dejando al galán en el
andén con un «adiós,vida mía», en la boca y Cristeta
Remove