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Dulce y Sabrosa

intención del mundo; la fraguó don Juan, dijoluego a Mariquilla
cuál había de ser su contenido, y después ella mismala redactó
con espantables faltas de ortografía. Sus párrafos no
dejabanlugar a duda. Doña Frasquita supo de un golpe que la
querida de sumarido era corista, que habían tenido sus diálogos
pecadores en elteatro, y que, según ella le ofrecía, en el punto
donde durante elverano había de trabajar Cristeta continuarían
aquellos vergonzososdesórdenes. Para que nada faltase, la
individua debía de ser unadesuellabolsas y sacadineros, porque
la epístola concluía de este modo:
Quintín mío, esta es para decirte que no se te olbide benir
abuscarme pronto una noche, para yevarme a desempeñar el
mantón, que melo as ofrecido, y a ber si me traes o me compras,
para trabajar afueraeste berano, media dozena de pares de
medias muy vistosos, mono mío.Adiós, pichón, y es tullo el
corazón de esta que te quiere y verte deseay no te olbida.
Mariquita.
La cólera de Jehová cuando supo los retozos de Adán y Eva,
fue cosa derisa comparada con el furor de la estanquera. No
bastaron a torcer laresolución que adoptó ni el temor a que se
malease la sobrina nisiquiera los cuatro duros diarios que
llevaba de sueldo. Doña Frasquitaera algo avara; pero antes de
tolerar que su marido acabase decorromperse y perderse
comprando medias a una sinvergüenza, consintió enque Cristeta
saliese de Madrid acompañada de una doncella, costara loque
costara. Menos ruinosa resultaría la doncella que la pérdida de
sumarido. La escena que pasó entre los cónyuges fue trágica.
PrimeroFrasquita rogó, suplicó y lloró, mientras don Quintín
aguantó, cruzadode brazos, jurando y perjurando que el origen
de aquello debía de seruna broma pesada de algún mal
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