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Dulce y Sabrosa

Una chica guapa que trabajaba paracomer. Ese debió de ser
también el destino de Cristeta. La suerte loquiso de otro modo.
¡La suerte, próspera para ella, contraria para él!¿Quién le había
de decir, años atrás, que por una mujer se vería en talestado?
Porque, no había que forjarse ilusiones, estaba
enfermizo,inapetente, aburrido y enamorado de un imposible. La
situación eradesesperante. La verdad es que hoy el galán
desdeñado no tiene másremedio que aguantarse. ¡Dichosos
tiempos aquellos en que a un caballeroera posible rodearse de
allegados, deudos, parientes y escuderos, ysorprender palacio,
asaltar castillo o violar convento para llevarsecomo en volandas
a la mujer querida, así fuese dama, emperatriz oabadesa de las
Huelgas! ¡Oh, miserables y menguados días modernos, enque
cualquier juez protege a un egoísta y miserable marido!
A tales y tan disparatados pensamientos se entregaba, que si
noenloquecía le faltaba poco. Aquella noche fue de las más
crueles de suvida.
De repente, levantándose del sillón, donde había permanecido
cavilosolargo rato, dio unos paseos por el cuarto, miró con
tristeza laspinturas, grabados y retratos de mujeres hermosas que
ahora le parecíanfeas; contemplolo todo con amargura, como si
estuviese resuelto aperderlo pronto de vista, y en seguida,
sentándose ante la mesa dedespacho, escribió la siguiente carta:
«Cristeta mía (y te llamo así por última vez). Me marcho
deMadrid. Quisiera despedirme de ti, pero tú no lo consentirás
y no meatrevo a suplicarte que nos veamos. Me has hecho muy
desgraciado. Nosabía yo que te quería tanto. Adiós, y si algún
día crees que puedetener remedio el mal que has causado,
llámame. Entonces sabrás lo que yosoy capaz de hacer por ti.
Tuyo,
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