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Holidays Offer
 

Dulce y Sabrosa

recibirte, y al salir hallarás en la puerta un coche que te
llevaráhasta donde quieras. ¿Vendrás? Me dice el corazón que
sí, y porsupuesto, te doy palabra de honor de que no haré nada,
absolutamentenada que pueda enojarte. Vienes a casa de un
caballero. Te he querido,te quiero, y haré los imposibles por
demostrarte que estoy resuelto aponer remedio a tan dolorosa y
difícil situación. Piensa que vas adecidir de los dos para
siempre y ven sin miedo y quema este papel. PorDios, no faltes.
Tuyo siempre,
Juan
Infantas, 80 duplicado, entresuelo.»
Luego de enviada la carta, cayó en la cuenta de que tal vez
fuesedemasiado expresiva y comprometedora; pero tal era la
exaltación de suánimo, que se dijo: «No importa; hoy por hoy
no hay peligro y aunqueestuviese aquí el marido, haría lo
mismo. Lo esencial es que ella venga,y vendrá.»
Aquella noche durmió mal, tras madrugar mucho, almorzó sin
gana y sevistió como quien pretende agradar.
Sobre la chimenea del despacho colocó dos jarroncillos llenos
de flores;en seguida, por si era curiosa y le revolvía los papeles,
como habíanhecho otras, escondió varias cartas en una
sombrerera vieja, arrojándolaencima de un armario, y quitó de la
vista dos retratos de antiguasconocidas y otro de una cómica
fotografiada en ademán provocativo. En unveladorcito puso un
sortijero con alfileres, horquillas, agujas,imperdibles y un gran
frasco de agua de Colonia sin destapar, con sucaperuza de
pergamino y sus cordones de colores. Pero, de allí a
poco,pensándolo mejor, e imaginando que aquello, además de
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