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Dulce y Sabrosa

y, sin embargo, ha consentido en que nos viéramos...luego es
mía... en espíritu. El tiempo hará lo demás. Lo imposible,inútil y
absurdo, dadas las circunstancias, sería repetir las citas alaire
libre. Una vez, pase, por lo que tiene de poético. ¡Ya lo creo
quetiene poesía! La mañana, la niebla, el miedo, el misterio,
¡hasta elsitio...! Aquí venían con sus amantes las damas de
tiempo de Carlos IV;en este palacio de la Moncloa debían de
tener sus citas Godoy y MaríaLuisa. ¡Cuántas picardías habrán
visto esos merenderos! ¡Si pudiesehablar esa ropa que hay
tendida! ¡Pobre Manzanares, cuánta burla le hanhecho!; arroyo
aprendiz de río, dijo Quevedo; río con mal de piedra,le llamó
Lope... ¡Si hubiese por aquí una casita decente! Pero ¡quiá!,no
es mujer que se deje llevar a cualquier parte. De amigas no
querráfiarse, y hará bien. Tengo observado que cuando una
mujer le presta aotra su casa, concluye por robarle el amante. Si
consintiera en venir ami casa, sería lo mejor. ¿Qué tiene de
particular que una señora entre acualquier hora del día en un
portal de la calle de las Infantas? Nada.¡Si fuese en sitio
apartado, en barrio sospechoso! Cuanto más céntrica
yfrecuentada es una calle menos se escama la gente de ver a un
hombreparado con una señora o acompañándola; lo que huele a
pecado esencontrarse una pareja fuera de puertas o por calles
extraviadas. Sóloel hecho de haberme citado en la Moncloa
demuestra que esta pobre chicano tiene experiencia ni pizca de
malicia. ¡Está monísima! Ahora, ahoraque no está en Madrid el
bestia de su marido, es cuando tengo quedomesticarla. Y ha de
ser en mi casita. ¡Venus a domicilio! ¡Vaya sivendrá! La verdad
es que lo más cómodo es que ellas vengan a verle auno. ¡Y
cómo les gusta! Se hacen la ilusión de que se truecan los sexosy
arrostran el peligro con más valor que nosotros... Me acuerdo
deaquella que me decía sentada en el sillón de mí despacho:
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