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Dulce y Sabrosa

parezcamostímidos los que ayer fuimos osados. De éstos quise
ser: de los que alestudiar lo pasado y observar lo presente
procuran preparar lo porveniry se esperanzan con ello. Por eso
rindo tributo de constancia y firmezaa las ideas de mi juventud,
algunas hoy tan combatidas, reuniendo estospobres libros, sin
que me arredre el recuerdo de cómo unos fueroncensurados, ni
espere que retoñe la benevolencia con que otros fueronalabados.
Discurro al igual de aquel gran prosista que decía: «No estemor,
como no es vanidad».
Bien quisiera, lector, que pensáramos a dúo y que mi
conciencia hallasesiempre eco en la tuya: si por torpe desespero
de lograrlo, por sincerocreo merecerlo.
No busques en mis cuentos y novelas lección ni enseñanza:
quédese eladoctrinar para el docto, como el moralizar para el
virtuoso: sólotienes que agradecerme el empeño que puse en
divertir y acortar tushoras de aburrimiento y tristeza.
Sea cual fuere tu fallo, hazme la justicia de reconocer dos
cosas: laprimera, que he procurado entender y practicar el arte
literario conaquel criterio y temperamento español más atento a
reflejar lo naturalque a dar lo imaginado por sucedido: nunca
quise hacerte soñar, sinosentir; la segunda, que soy de los
apasionados de esta hermosa ymagnífica lengua castellana, si
huraña y esquiva para quien la desconoceo menosprecia, en
cambio agradecida y espléndida para los que, haciendode ella su
Dulcinea, aunque no lleguen a lograrla, tienen honra enservirla y
placer en amarla.
J. O. P.
Madrid, Abril de 1909.
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