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Dulce y Sabrosa

mísolito?... ¡Embustera! Si hubiese creído que me querías no me
habríamarchado... Está hecha una real moza... ¡qué modo de
andar y qué cuerpo,y qué señorío, y qué boca!... Pero, en fin,
para mí es cosa perdida...,aunque nadie sabe lo que puede
suceder. Si está casada con un hombre decierta clase, vamos, de
buena sociedad, persona conocida, algún día nosencontraremos
en teatro, baile o tertulia, y entonces... ¡Una vez, nadamás que
una vez, por capricho, por el gustazo de avergonzarla! Y
sintemor de ninguna clase, estando casada... todo consiste en ser
prudente.No hay comparación: vale ahora infinitamente más.
Antes era... lo queera: una comiquilla decentita y graciosa; ayer
parecía una duquesa.¡Daría cualquier cosa por saber todo lo que
ha sucedido! A mí no meimporta..., vayan benditos de Dios ella
y el estúpido a quien hayapescado...; pero, ¡como yo la coja un
día!..., vamos, que no me quedosin plantarle cuatro besos y
decirle cuatro verdades.»
Siguió pensando largo rato. La sospecha de que el chico fuese
suyo leparecía lisa y llanamente absurda y, sin embargo, estaba
dentro de loposible. ¿Se habría casado? Todo el empeño de don
Juan estribaba enpersuadirse de que el tal matrimonio le tenía
sin cuidado, a pesar de locual la hipótesis iba tomando amarga
intensidad de torcedor. ¿Lo habríacallado todo, engañando a un
hombre o, por el contrario, le confesaríasu pasado? Si lo
primero, era infame y despreciable; si lo segundo,necia y
sinvergüenza por unirse a quien tales tragaderas tuviese. Talvez
viviera poniendo precio a su belleza. Esta suposición era la que
másdaño le hacía. Casada... malo...; pero lo otro, peor mil veces.
Lasangre se le agolpaba al cerebro.
Cuando desmenuzando con la reflexión todas aquellas
verosimilitudes yconjeturas cayó en la cuenta de que la suerte de
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