Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Dona Luz

Prevaleciendo y aun privando en Villafría tan sanas doctrinas acerca dela longevidad de los
noviazgos, ya se hará cargo el lector del asombroque produciría aquel arrebato, aquella
impremeditación con que doña Luzse decidió.
—Esto es un escopetazo—decía uno.
—Vamos—decía otro—, todo se comprende bien: si ella aseguraba que nopensaba en casarse,
era por vanistorio, porque desdeñaba a loslugareños; pero, apenas llegó por aquí un currutaco de
la corte, cayósobre él y le atrapó, como la araña atrapa a la mosca.
Los pretendientes desdeñados, que antes lo llevaban todo conresignación, dando por supuesto
que los consolaba, que los desdenes dedoña Luz nacían de su amor a Dios y al cielo, cuando
supieron que doñaLuz gustaba tanto de la tierra y de otro hombre como ellos, no laperdonaron
tampoco, y censuraron su ligereza.
—Se ha echado en brazos del primer venido—exclamaban—, sin amor, sinestimación, porque
ni el amor ni la estimación nacen tan de súbito. Laha seducido el afán de ir a brillar en los
Madriles.
Hasta la gitana buñolera que se ponía a freír y a vender sus buñuelos enla esquina de la casa
de don Acisclo, gitana muy sentenciosa, llamada laFiligrana, más célebre por sus sentencias que
el mismísimo PedroLombardo, dijo en tono irónico:
—Doña Luz es una perla oriental, y la perla no repara en el pescador,ni en si vale o no vale; lo
que pretende es que la pesque y la lleve alucir en el Olen del Oclaye.
No pocas de tales murmuraciones llegaron a los oídos de doña Luz; perono hacían mella en su
corazón. Nada de lo que encerraban en sí hallabaeco en su limpia y tranquila conciencia. Doña
Luz era mujer y tenía almay sentía necesidad de amor. Su amor, sin objeto visible y humano,
habíaestado como aletargado hasta entonces. Un objeto digno se ofreció al fina sus ojos, y doña
Luz le consagró al punto todo su amor. Cada día, cadahora que pasaba, afirmaba más a doña Luz
en la creencia de que don Jaimelo merecía. El mismo amor de D. Jaime, la decisión con que le
habíaofrecido su mano, a ella, desvalida, huérfana y pobre, era la garantíamejor y más segura.
En cuanto a que ella se casaba por deseo de ir a figurar en Madrid, doñaLuz reía
desdeñosamente al oírlo. Doña Luz tenía resuelto no ir a Madridmientras pudiera no ir: quedarse
en Villafría viviendo en su casasolariega; tener allí su centro, su cuartel general, su nido;
cuidardesde allí de sus bienes e irlos mejorando y aumentando; ahogar en sualma toda
propensión celosa; y, no ya consentir, sino impulsar a sumarido a que fuese él solo a la capital, a
brillar en el Congreso deDiputados, en las luchas políticas y en los negocios militares. Doña
Luzquería imitar en esto a Vitoria Colonna, y esperar a su héroe, a su sol,a su amante, cuando
viniese a reposar en aquel rústico asilo, que elamor de ella había de colmar de hechizos y de
deleite. No quería, ensuma, ser para él carga gravosa en Madrid, sino descanso,
refugio,consolación santa y dulce, en aquella aldea.
En sus amorosos coloquios con D. Jaime, doña Luz desenvolvía todo suplan. Quería para él
gloria, poder, influjo en la corte, y estoentreverado de una serie de idilios en Villafría, donde ella
había deaguardarle, como Armida benéfica, cada vez que viniese él a reposar ensus brazos,
cubierto de frescos laureles. Don Jaime pugnaba porque doñaLuz había de ir a Madrid con él;
pero doña Luz lo repugnaba con tamañaobstinación, que D. Jaime tuvo que transigir,
Remove