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Dona Luz

nido. El que no llevapajitas al nido rara vez moja la barba en cáliz, he oído decir confrecuencia
al personaje más sentencioso de aquellos lugares.
Presentadas así las cosas, parece una temeridad, un delirio, algosemejante al propósito que
tuvo la serpiente de la fábula de morder lalima, el plan de D. Acisclo de derrotar a D. Paco y de
suplantarle.
Mas no hay que acoquinarse por eso ni por mucho más. D. Acisclo no seacoquinaba; tenía
confianza en su energía propia, y estaba resuelto apelear contra D. Paco, cuya tiranía se le había
hecho insufrible. Lo quesí había considerado bien D. Acisclo, como prudente capitán, era
locolosal y comprometido de su empeño; y a fin de salir airoso, habíatomado las convenientes
precauciones, acumulado medios, buscado alianzasy allegado fuerzas y recursos de toda laya.
Cada vez que un diputado o el grande elector en su nombre da un empleo,el agradecimiento
no es seguro en quien le recibe, pues éste puede creerque harto ganado le tiene. En cambio los
envidiosos, quejosos ydescontentos, parece como que brotan del seno de la tierra, lo cual
esdifícil de evitar, porque por muchos empleos que saque el diputado, noha de sacar uno para
cada elector. Entre los empleados y agraciadossuele haber también quejas y envidias. Fulanito se
llevó un turrón másdulce y suculento que el mío, dice Menganito; y Perenganito exclama queel
destino de Menganito es de mucho manejo y el suyo no lo es, dedonde nace también no pequeño
encono. El uno, que no es más queestanquero, entiende que debía ser vista; y el otro, que está
deoficial ambulante de correos, siempre metido en un wagon, suspira por elalfolí de la sal que se
dio a un tercero, que disponía en la elección demenos votos que él; y el que tiene como fiel el
alfolí se juzgadesairado porque no le nombraron guarda-almacén, que esto y mucho más
semerecía. El puesto de alcalde suele ser muy disputado, y casi siempre sepican dos o tres
porque no lo son. En suma, aunque el diputado y sualter-ego D. Paco eran casi tan avisados y
prudentes como Ulises, aquien la propia Minerva, descendiendo ad-hoc del Olimpo, inspiraba
lamás severa justicia distributiva para repartir pedazos de buey asado enlos banquetes a los
héroes de la Ilíada, o ya porque repartirturrónes más arduo que repartir roastbeef, o ya porque
los electoresde España son más descontentadizos que los semi-dioses y guerrerosaqueos, ello es
que el disgusto cundía y que había mar de fondo hasta enla misma capital del distrito.
Nada de esto hubiera valido, todo se hubiera disipado como una nube deverano, si D. Acisclo,
con artes maquiavélicas, no hubiera atizado ladiscordia, dándole pábulo con ingeniosos chismes,
diestramentedivulgados, y no hubiera en sazón oportuna levantado bandera deenganche, a cuya
sombra se fueron acogiendo y alistando los que secreían desairados o mal pagados de sus afanes.
De esta suerte vino a formar D. Acisclo una poderosa minoría electoral,cuyo centro y núcleo
era Villafría.
Entonces negoció con el Gobierno, y luego que el Gobierno le ofreció suapoyo, a fin de
derrotar al diputado de D. Paco y elegir en lugar suyoal ya nombrado D. Jaime Pimentel, D.
Acisclo se afanó por convertir suminoría en mayoría, trayendo a sí a los neutrales y vacilantes,
yprocurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a nopocos que jamás quieren
votar ni mezclarse en política, tal vez porqueno ambicionan empleos.
Entre estos desdeñosos, dignos en nuestro sentir de reprobación, porquedejan el campo libre a
los explotadores, había en el distrito un hombrea quien, vencida su inercia, seguiría toda una
población. La poblaciónera la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja.
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