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Dona Luz

-XI-
Preparativos electorales
El plan de D. Acisclo había sido meditado pausadamente y en secreto, yestaba tan bien
trazado, combinado y preparado, que no escaseaban lasprobabilidades de que se lograse.
La empresa, no obstante, era difícil; casi imposible para cualquieraotro que no tuviese en
aquel distrito la actividad, el poder, el influjoy el dinero que don Acisclo poseía.
Don Paco, el grande elector, era pájaro de cuenta, y contaba con undiputado-modelo; con un
diputado tal, que no es dable que haya como éluna docena al mismo tiempo en toda España.
Según cálculos estadísticos de la mayor exactitud, los sueldos, adehalasy favores de varias
clases, evaluados en metálico, que el diputadoprodigaba a sus fieles del distrito, sacándolo todo
del Gobierno,importaban veinte veces más que lo que el distrito pagaba decontribución directa e
indirecta. Suponiendo, por un instante, que todoslos demás diputados fuesen tan hábiles, tan
mañosos, tan felices y tanpíos como el de que hablamos, el Gobierno tendría que hacer el
milagrode pan y peces, en inmensa escala, o tendría que producir un déficit, alcabo del año, de
diecinueve veces el valor de todos los recursos yrentas del Estado, en el año mismo.
De aquí que haya tan pocos diputados en España como el que don Acisclose proponía vencer.
Era, por excelencia, lo que se llama un diputadonatural.
El diputado, en virtud de continuos desvelos y de un arte maravilloso,se gana la naturaleza en
un distrito, repartiendo a manos llenas losempleos; y cerca del Gobierno, a más de su talento y
de su importanciapersonal, se apoya para sacar los empleos en esa misma devoción queasegura y
prueba que los electores le tienen y en cuya virtud esdiputado natural y goza de distrito suyo y
re-suyo.
Aunque el diputado natural esté en la oposición, conserva el distritopor dos razones. Es la
primera porque, si bien los electores le vencaído, guardan la esperanza de que pronto volverá a
encumbrarse,mandarán él y los de su partido, y lloverán entonces los favores. Es lasegunda
razón, porque, el diputado natural, aun cuando no esté en elpoder, logra que muchos de sus
ahijados se sostengan en sus empleos, yhasta suele darlos flamantes, ya porque los fueros de
diputado naturalle habilitan para todo, ya porque le sobran amigos en los Ministerios, yya porque
los mismos ministros, sus contrarios, le atienden yconsideran, esperando la reciprocidad para
cuando estén ellos caídos.
El diputado, contra quien iba a sublevarse don Acisclo, estaba caído enaquel momento; pero
nadie dudaba de que pronto se volvería a encaramaren el poder. Habíanle dejado cesantes a no
pocos de sus ahijados; peroaún quedaban muchos en plena posesión de sus empleos y sueldos.
La famaque el diputado tenía de servicial, complaciente y poderoso para sacarturrones, era tan
firme que hasta su mismo temporal decaimientoaumentaba su clientela en vez de mermarla. Los
más astutos y previsoresconocían cuán propicia ocasión de ponerse bien con él era
servirlemientras estaba lejos del mando, lo cual da ciertos visos de desinterésa los servicios y es
lo que llaman por allá, con frase hecha, elegante ypropia de la poesía bucólica, llevar pajitas al
 
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