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Dona Luz

—Pues mire V., señorita doña Luz—respondió don Acisclo—, no hay nadamás llano que el
camino de discurrir que yo he seguido. Enrique me hadado ánimos sin él saberlo. Por él he
comprendido que en mi familia haybrío para todo. Él es santo y sabio: hombre teórico: yo soy
rico. ¿Porqué no he de ser también influyente, a fin de ser el hombre práctico porcompleto? ¿No
hubo en lo antiguo, en una sola familia, Marta y María?Pues ¿por qué ahora, en otra familia,
salvo la diferencia de sexo, nohemos de ser él María y yo Marta; él el contemplativo y yo el
activo?
—Bien por D. Acisclo—dijo Pepe Güeto.
—Y vaya si tiene razón: ya sabe él dónde le aprieta el zapato—añadiódoña Manolita.
—No, sino pónganme el dedo en la boca—exclamó don Acisclo—, y veránsi muerdo o no
muerdo. Pues qué, ¿un hombre de mis millones, y con unsobrino tan notable, ha de estar toda su
pícara vida humillado por esetunante de D. Paco, a quien da el diputado cuanto pide y más?
—Nada de eso, Sr. don Acisclo—dijo Pepe Güeto, dejándose arrebatar delentusiasmo—. Es
menester sacudir el yugo.
—¡Muera D. Paco el tirano!—gritó doña Manolita riendo.
—Ya se entiende que la muerte ha de ser meramente política y no civilni natural—interpuso
doña Luz.
—¿Y cómo se va V. a componer para matarle políticamente?—preguntó PepeGüeto.
—¿Cómo me voy a componer? ¿Cómo me he compuesto? es lo que debieraspreguntar. Pues
qué, ¿me duermo yo en las pajas? Ya lo tengo todoconcertado. El ministro cuenta conmigo. Yo
les he probado que no esnatural, sino artificial, el diputado que de aquí enviamos, y, comoahora
está en la oposición, el Gobierno le derrotará con mi auxilio enlas nuevas elecciones, que serán
pronto.
—¿Y quién es el nuevo candidato del Gobierno?—preguntó doña Manolita.
—Un candidato ilustre, un sujeto de inmenso porvenir, un héroe de laguerra de África—dijo
don Acisclo muy orondo—. Yo le protejo, yo harépor él prodigios, yo me atraeré a los parciales
de D. Paco, que sequedará solo, y mi hombre saldrá por inmensa mayoría.
—¿Y cómo se llama su hombre de V.?—dijo Pepe Güeto.
—Se llama el brigadier de caballería D. Jaime Pimentel y Moncada,valiente como el Cid, de
noble prosapia, joven y gallardo. Ya le veránustedes, ya le verán ustedes, porque pronto vendrá a
visitar eldistrito.
Con este notición se puso término a la charla, así porque era ya tarde,como porque los
aplausos y vivas de doña Manolita y de Pepe Güeto noconsintieron que siguiera adelante aquella
noche.
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