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Dona Luz

En otras ocasiones, pedía el marqués, corriendo, mil duritos para salirde un apuro. «Tómalos
de un comerciante de Málaga—escribía a D.Acisclo—, prometiendo pagarlos en aceite dentro de
dos meses, que serála cosecha».
Don Acisclo buscaba al punto en Málaga comerciante que se allanase a darel dinero, y
resultaba que nadie quería darle sino cobrándose en aceite,dos meses o poco más después, y
tomando la arroba de dicho líquido a dosreales menos del precio corriente. Ésta era una usura
monstruosa; erauna usura de más del 30 por 100 al año. Don Acisclo se afligía, ponía elgrito en
el cielo, caía enfermo por la pesadumbre que le daban losapuros del marqués, y al fin reincidía
en sacrificarse, tomando él mismoel líquido por un real menos de su precio corriente, y
aprontando eldinero, del cual no venía a sacar sino a razón de 20 por 100 al año. Asíhacía ganar
al marqués otro 10 por 100.
Con el trigo sucedía lo propio. El marqués mandaba que le vendiesen eltrigo dos o tres meses
antes de la cosecha. No se hallaba quien lepagase con anticipación sino con tres reales de
descuento por fanega.Entonces D. Acisclo proporcionaba el dinero, y se quedaba con el trigopor
dos reales menos, pero haciendo ganar al marqués un real en fanega.
El marqués gustaba de tener una reata de ocho hermosos mulos, los cualesse hubieran comido
una barbaridad de cebada, sin trabajar para elmarqués sino cuatro meses a lo más cada año; pero
D. Acisclo se servíade los mulos para los acarreos y tráficos, y así se ahorraba él de pagarmulero
y mulos, y hacía que el marqués ahorrase sobre seis meses depiensos.
Las tierras del marqués estaban muy necesitadas de abono. Don Aciscloadquirió para sí no
pocas ovejas y cabras, las cuales, a trueque dealgunas hierbas inútiles y tal vez nocivas y de
algunos retoños bajos yviciosos, abonaban bien los mejores olivares del marqués.
Necesitaba el marqués más dinero; era menester tomarle prestado; nohabía quien le diese a
menos del 15 por 100. Don Acisclo hallaba a unpariente o a un amigo suyo que le daba al 12.
Así hacía ganar al marquésun tres por ciento anual sobre la cantidad recibida.
En resolución, y por el estilo mencionado, rindiendo cuentasexactísimas, y demostrando
matemáticamente que hacía ganar al marquéstres o cuatro mil duros al año con administrar tan
fiel y celosamentesus bienes, D. Acisclo vino a quedarse con casi todos ellos.
Su señoría, sitiado por hambre, tuvo entonces que abandonar la corte, yse retiró a hacer
penitencia en Villafría, donde murió, al año de estar,de unas calenturas malignas, que
infundieron en su sangre la falta demetales y la sobra de bilis.
Todo el caudal del marqués, a su muerte, podría producir, a lo sumo,16.000 rs. al año.
Estoy tan escamado con los críticos profundos que no atino a resolver ydeclarar si el marqués
era tonto o discreto. En Madrid había sido elmarqués el encanto de la sociedad, y había pasado
por la discreción enpersona. Y, sin embargo, el marqués se había quedado pobre. Tal vezconsista
esto en que haya dos géneros de tontería: la tontería de accióny la tontería de palabra, las cuales
están en razón inversa en cada serhumano. El que no dice tonterías las hace: el que no las hace
las dice.Cuando alguien hace y dice siempre tonterías, ya es tonto de capirote ygoza de tontería
absoluta, total, una y toda, como se expresarían losfilósofos.
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