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Dona Luz

servirme cuando teníayo diez años. Tres años después entró Tomás de ayuda de cámara de
mipadre.
—¿Y no sabes de ningún lance singular de la vida del marqués—preguntódoña Manolita—,
por donde se aclare algo el misterio de tu nacimiento?
—Hay, en efecto, en la vida de mi padre un lance singular; lanceocurrido a los dos años de
haber nacido yo: pero lance tan misteriosoque por él nada se aclara. Podría o no podría tener
dicho lance algunarelación con la culpa a que debo el ser.
—¿Y qué fue ese lance, si puedo saberlo?
—Mi padre recibió una mañana una visita, a quien nadie vio, porque mipadre mismo abrió la
puerta. Los criados no podían extrañar esto. Élsolía recibir visitas así, abriendo él mismo, y
encerrándose con ellas.Aquella mañana, a la media hora de haber recibido la visita,
llamarondesde el cuarto de mi padre con fuertes campanillazos. La puerta delcuarto estaba
abierta. La visita había desaparecido. Y los criadoshallaron sobre la alfombra una espada
sangrienta, y a mi padre tendidotambién, con otra espada empuñada, y el pecho atravesado por
una heridamortal. Dicen que fue milagro de la ciencia el que se librase de lamuerte. Jamás se
pudo averiguar quién, ni por qué le había herido. Mipadre se limitó siempre a decir que no
buscasen al culpado, que laherida había sido en buena lid. Raro duelo, en verdad, sin padrinos,
sintestigos, sin nadie que haya sabido jamás de él sino aquel dolorosoresultado.
—Todo esto me hace presumir—dijo doña Manolita—que eres hija de unagran señora.
—No sé—contestó doña Luz—. Legalmente soy hija de Antonia Gutiérrez,libre cuando se
unió con mi padre. Más vale esto que deber la vida a unadulterio. ¡Ah! mejor es que mi padre no
me haya revelado nada. ¿Cómohabía de haber manchado mi mente limpia, a los quince años,
conimpurezas y delitos? Harto perturbada estaba ya mi mente con lavergonzosa catástrofe de
Madrid antes de refugiarnos en este lugar. Huboque vender los muebles que allí teníamos para
acabar de pagar a losusureros y acreedores. Mi padre se vino aquí humillado y melancólico, ya
poco murió. ¿Con quién querías que hubiese vuelto yo a Madrid? ¿Quépapel iba a hacer en
Madrid la marquesita arruinada y bastarda? Lo mejorque pude hacer es lo que he hecho,
quedarme aquí para siempre.
De este modo confió doña Luz todos sus secretos a la hija del médico.
La amistad de ambas jóvenes se estrechó desde entonces, y en adelantetodo se lo confiaron.
El casamiento de doña Manolita se hizo por la posta. Un mes después dehaber dado parte a su
amiga estaba ya casada.
Su pronóstico de que su casamiento no enfriaría la amistad con doña Luzse cumplió a la letra.
Doña Manolita era gran profetisa.
También se cumplió cuanto con relación a Pepe Güeto había ellapronosticado. Ni hubo vara
de mimbre, ni ella entró más en costura quecuando estaba soltera; pero en cambio, Pepe Güeto
se reía como un loco,sobre todo con los chistes de su mujer, que le hacían mucha gracia, ycon
sus risas que tenían para él mucho de agradablemente contagioso.
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