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Dona Luz

No había ya tertulia.
Doña Luz sólo recibía a D. Anselmo, a quien ni como a médico consultabacosa alguna, y a
doña Manolita, con quien esquivaba toda conversaciónsobre su marido, sobre su herencia y
sobre la repentina enfermedad queella había padecido.
La índole de doña Luz parecía muy cambiada.
Andaba siempre melancólica y taciturna.
Doña Manolita notaba, cuando iba a verla, que tenía los ojos fatigados yrojos de llorar. A
veces, doña Luz no podía reprimir el llanto, y enpresencia de doña Manolita lloraba.
Durante algún tiempo, la tristeza de doña Luz había sido sombría,reconcentrada y feroz. Su
amiga íntima no se había atrevido apreguntarle la menor cosa ni a quejarse de su silencio.
En los días, no obstante, a que hemos traído nuestra narración, latristeza de doña Luz se
modificó visiblemente. Se hizo más tierna y másexpansiva.
Doña Luz no se limitaba a recibir a su amiga cuando ésta iba a verla,sino que a menudo la
mandaba llamar.
Lloraba, suspiraba más, pero estaba menos sombría. A veces cruzaba unadulce sonrisa por
entre sus lágrimas, como rayo de sol entre nubes.
Una mañana, por último, doña Luz escribió a doña Manolita el siguientebillete:
«Querida amiga mía: No puedo callar más tiempo. Mi infortunio me ahoga,me mata, y quiero
vivir. Soy muy desgraciada y hay una esperanza que mesonríe. Necesito conservar la vida. Temo
que este oculto dolor measesine. Es menester que te le confiese; que me desahogue contigo;
quetu compasión y tu amistad me salven. Ven a verme al punto. Te quiere tuLuz».
No hay que decir que doña Manolita estuvo a los pocos minutos en elcuarto de doña Luz, la
cual se echó en sus brazos, llorando con muchaternura y besándola y llamándola su único
consuelo.
—Todo lo vas a saber—le dijo—. Me moriría si no me consolasediciéndotelo. Tú eres buena
y sigilosa. ¿Prometes callarte?
—Lo prometo—contestó la hija del médico.
—Ni a Pepe Güeto, ¿entiendes? Ni a Pepe Güeto dirás nada.
—No diré nada ni a Pepe Güeto.
—Pues bien—exclamó doña Luz en voz muy baja, pero con extraordinariavehemencia—, la
causa de mi mal es que he descubierto, a los quincedías de casada, que el hombre que yo
imaginé tan noble, tan generoso,tan enamorado de mí, tan digno en todos conceptos de que yo le
amara, ya quien di mi corazón y mi mano, y a quien entregué mi ser y mi vida, esun miserable
sin alma.
—¿Estás loca, Luz? ¿Qué motivos tienes para decir palabras tanespantosas?
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