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Dona Luz

Los sollozos se mezclaron pronto con la risa, y por último, doña Luzcayó al suelo como
desplomada, y allí se agitó en fuertes convulsiones.
Don Acisclo tocó entonces la campanilla, llamó a voces a la gente decasa, y acudieron D.
Gregorio, Juana, Tomás y otros criados.
Todos se aterraron.
Las convulsiones seguían.
Juana mandó llamar al médico D. Anselmo.
Este, con los recursos de su arte, y obrando también la naturaleza,logró volver la calma a doña
Luz, la cual quedó muy postrada.
Don Acisclo y todos los allí presentes se quedaron con el deseo deaveriguar la causa moral,
como sin duda la hubo, de aquel ataquerepentino, tan ajeno a la robustez y condición sana de la
marquesa deVillafría.
Doña Manolita vino a ver a la enferma, y doña Luz tampoco le confiónada.
Conclusión
Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque.
En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertabaa explicar en
Villafría.
Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremosel Marqués, pues ya lo
era.
El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz.
Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida.
Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariarplanes anteriores,
conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez dellevarse a doña Luz a la corte, se volvió
solo a los cuatro días deestar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada
eindispuesta.
Los que vieron partir al Marqués aseguraban que llevaba el rostro muyfosco, y que parecía
estar de un humor de todos los diablos.
Doña Luz, desde la partida del Marqués, había estado encerrada siempre.Ni para ir a misa
salía a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo.
Así se pasaron, según queda dicho, cuatro largos meses.
 
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