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Dona Luz

decampana, de muchísimo tiro, donde ardía siempre, durante la estaciónfría, abundante leña de
olivo y de encina y rica pasta de orujo; donderara vez se guisaba; y donde los señores se
calentaban muy a su sabor.En esta cocina adornaban las paredes varias jaulas de perdices,
puestassobre repisas, escopetas y otras armas, y algunas cabezas de ciervos,lobos, zorros, tejones
y garduñas, muertos por D. Acisclo.
En el piso bajo había casi tanta habitación como en el principal; y, sise contaba con el patio
con toldo, había más. Allí se vivía durante elverano. En toda estación estaba allí el despacho de
D. Acisclo, dondeeste activo labrador y ganadero trataba con chalanes, corredores,rabadanes,
aperadores, capataces y caseros: entendiéndose por caseros,no el terror de los inquilinos
morosos, como en Madrid, sino los quecuidan y guardan las caserías o viviendas de cada finca
rústica.
En el piso bajo, en la sala de más aparato y autoridad, que se llamabala cuadra, porque era
cuadrada, había también algo que daba lustre aaquella casa. Es de saber que en no pocos pueblos
de Andalucía haymultitud de imágenes benditas, que se sacan en procesión en las
grandesfestividades, y singularmente en Semana Santa. El número de estasimágenes suele hacer
que no quepan bien en los templos, por lo cualmuchas están depositadas en casas particulares
hasta el único día delaño en que han de salir en procesión. D. Acisclo tenía en la cuadra bajauna
de estas imágenes, de cuya cofradía era hermano mayor; pero no erauna imagen de tres al cuarto,
sino la más complicada que se conocía y lade mayor empeño y coste, ya que en realidad no
rezaba con ella aqueldecir proverbial de:
Santirulitos bonitos, baratos, Ni comen, ni beben, ni gastan zapatos.
Aquella imagen o representación comía y bebía, o mejor dicho, cenaba:era nada menos que la
Cena.
Cristo y los doce apóstoles de bulto estaban sentados a la mesa; Cristoechaba la bendición,
San Juan se dormía sobre el hombro de su DivinoMaestro, y el feísimo y traicionero Judas, con
enmarañado pelo rojo,metía la mano en el plato del centro, porque es sabido que no teníapizca
de educación.
El Jueves Santo salía en procesión la Cena, y el Miércoles Santo por lanoche estaba expuesta
en la cuadra a la veneración de los fieles,quienes con tal motivo tenían entrada franca en la casa,
lo cual sellamaba y se llama aún visitar las insignias, y apenas quedaba en ellugar quien no las
visitase en la víspera de la respectiva procesión. Yesto si contar con los forasteros.
La mesa en que Cristo y los apóstoles estaban sentados, era bastantecapaz, y, en tan solemnes
días, se cubría con preciosos mantelesalemaniscos y se adornaba con mil lindezas, flores,
viandas, dulces yfrutas. Aunque no había en la mesa de cuanto Dios crió, como afirmabala gente
del pueblo con encarecimiento desmedido, era innegable quehabía objetos raros y costosos: uvas
de corazón de cabrito como acabadasde coger y que por milagro se habían conservado, claveles
y tempranasrosas de olor en grandes piñas, ramos de violetas y camelias, etc., etc.Las paredes de
la sala donde estaba la Cena se tapizaban de damascocarmesí; sobre el damasco se colgaban
lindas y antiguas cornucopias conmuchas velas de cera ardiendo, y también en la sala había
verdesplantas, y canarios en jaulas, y una enorme cruz negra de madera, conadornos y remates
de plata fina, asida a la pared por fuertes alcayatas.Era la cruz que D. Acisclo, cuando mozo,
había llevado al hombro en lasprocesiones durante muchos años, porque había sido y era aún
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