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Don Quijote

— Por cortesía consentiré que os quedéis, señor, con los que ya habéistomado; pero pensar que
dejaré de abrasar los que quedan es pensamientovano.
Vivaldo, que deseaba ver lo que los papeles decían, abrió luego el unodellos y vio que tenía por
título: Canción desesperada. Oyólo Ambrosio ydijo:
— Ése es el último papel que escribió el desdichado; y, porque veáis, señor,en el término que le
tenían sus desventuras, leelde de modo que seáis oído;que bien os dará lugar a ello el que se
tardare en abrir la sepultura.
— Eso haré yo de muy buena gana —dijo Vivaldo.
Y, como todos los circunstantes tenían el mesmo deseo, se le pusieron a laredonda; y él, leyendo
en voz clara, vio que así decía:
Capítulo XIV. Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor,con
otros no esperados sucesos
Canción de Grisóstomo
Ya
que
quieres,
cruel,
que
se
publique,
de
lengua
en
lengua
y
de
una
en
otra
gente,
del
áspero
rigor
tuyo
la
fuerza,
haré
que
el
mesmo
infierno
comunique
al
triste
pecho
mío
un
son
doliente,
con
que
el
uso
común
de
mi
voz
tuerza.
Y
al
par
de
mi
deseo,
que
se
esfuerza
a
decir
mi
dolor
y
tus
hazañas,
de
la
espantable
voz
irá
el
acento,
y
en
él
mezcladas,
por
mayor
tormento,
pedazos
de
las
míseras
entrañas.
Escucha,
pues,
y
presta
atento
oído,
no
al
concertado
son,
sino
al
rüido
que
de
lo
hondo
de
mi
amargo
pecho,
llevado
de
un
forzoso
desvarío,
por gusto mío sale y tu despecho.
El
rugir
del
león,
del
lobo
fiero
el
temeroso
aullido,
el
silbo
horrendo
de
escamosa
serpiente,
el
espantable
baladro
de
algún
monstruo,
el
agorero
graznar
de
la
corneja,
y
el
estruendo
del
viento
contrastado
en
mar
instable;
del
ya
vencido
toro
el
implacable
bramido,
y
de
la
viuda
tortolilla
el
sentible
arrullar;
el
triste
canto
 
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