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Don Quijote

nuestro mandado, se vio y corrigió la dichaimpresión por el original, y se imprimió conforme a
él, y quedan impresaslas erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así
fuerenimpresos, para que se tase el precio que por cada volume hubiéredes dehaber. Y
mandamos al impresor que así imprimiere el dicho libro, no imprimael principio ni el primer
pliego dél, ni entregue más de un solo libro conel original al autor, o persona a cuya costa lo
imprimiere, ni otro alguno,para efeto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el
dicholibro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo; y, estandohecho, y no de otra
manera, pueda imprimir el dicho principio y primerpliego, y sucesivamente ponga esta nuestra
cédula y la aprobación, tasa yerratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las
leyes ypremáticas destos nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, ya otras
cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra cédulay lo en ella contenido. Fecha
en Valladolid, a veinte y seis días del mesde setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.
YO, EL REY.
Por mandado del Rey nuestro señor:
Juan de Amezqueta.
AL DUQUE DE BÉJAR,
marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañares, vizconde de La Puebla deAlcocer, señor
de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos
En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a todasuerte de libros, como
príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes,mayormente las que por su nobleza no se
abaten al servicio y granjerías delvulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don
Quijote de laMancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, conel
acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablementeen su protección, para
que a su sombra, aunque desnudo de aquel preciosoornamento de elegancia y erudición de que
suelen andar vestidas las obrasque se componen en las casas de los hombres que saben, ose
parecerseguramente en el juicio de algunos que, continiéndose en los límites de suignorancia,
suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajosajenos; que, poniendo los ojos la
prudencia de Vuestra Excelencia en mibuen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan
humilde servicio.
Miguel de Cervantes Saavedra.
PRÓLOGO
Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que estelibro, como hijo del
entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo ymás discreto que pudiera imaginarse.
Pero no he podido yo contravenir alorden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su
semejante. Y así,¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino lahistoria de
un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientosvarios y nunca imaginados de otro
alguno, bien como quien se engendró enuna cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y
 
 
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