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Don Quijote

— La del Señor no me falte, que es la que hace al caso. «Y en lo demássabréis que, aunque el tío
proponía a la sobrina y le decía las calidadesde cada uno en particular, de los muchos que por
mujer la pedían, rogándoleque se casase y escogiese a su gusto, jamás ella respondió otra cosa
sinoque por entonces no quería casarse, y que, por ser tan muchacha, no sesentía hábil para poder
llevar la carga del matrimonio. Con estas que daba,al parecer justas escusas, dejaba el tío de
importunarla, y esperaba a queentrase algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su
gusto. Porquedecía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijosestado contra
su voluntad. Pero hételo aquí, cuando no me cato, queremanece un día la melindrosa Marcela
hecha pastora; y, sin ser parte sutío ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejaban, dio en irse
al campocon las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su mesmo ganado. Y, asícomo ella
salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no ossabré buenamente decir cuántos ricos
mancebos, hidalgos y labradores hantomado el traje de Grisóstomo y la andan requebrando por
esos campos. Unode los cuales, como ya está dicho, fue nuestro difunto, del cual decían quela
dejaba de querer, y la adoraba. Y no se piense que porque Marcela sepuso en aquella libertad y
vida tan suelta y de tan poco o de ningúnrecogimiento, que por eso ha dado indicio, ni por
semejas, que venga enmenoscabo de su honestidad y recato; antes es tanta y tal la vigilancia
conque mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se haalabado, ni con
verdad se podrá alabar, que le haya dado alguna pequeñaesperanza de alcanzar su deseo. Que,
puesto que no huye ni se esquiva de lacompañía y conversación de los pastores, y los trata cortés
yamigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos,aunque sea tan justa y
santa como la del matrimonio, los arroja de sí comocon un trabuco. Y con esta manera de
condición hace más daño en esta tierraque si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad
y hermosuraatrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla, pero sudesdén y
desengaño los conduce a términos de desesperarse; y así, no sabenqué decirle, sino llamarla a
voces cruel y desagradecida, con otros títulosa éste semejantes, que bien la calidad de su
condición manifiestan. Y siaquí estuviésedes, señor, algún día, veríades resonar estas sierras y
estosvalles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muylejos de aquí un
sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hayninguna que en su lisa corteza no tenga
grabado y escrito el nombre deMarcela; y encima de alguna, una corona grabada en el mesmo
árbol, como simás claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda
lahermosura humana. Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá seoyen amorosas
canciones, acá desesperadas endechas. Cuál hay que pasa todaslas horas de la noche sentado al
pie de alguna encina o peñasco, y allí,sin plegar los llorosos ojos, embebecido y transportado en
suspensamientos, le halló el sol a la mañana; y cuál hay que, sin dar vado nitregua a sus suspiros,
en mitad del ardor de la más enfadosa siesta delverano, tendido sobre la ardiente arena, envía sus
quejas al piadoso cielo.Y déste y de aquél, y de aquéllos y de éstos, libre y
desenfadadamentetriunfa la hermosa Marcela; y todos los que la conocemos estamos
esperandoen qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venira domeñar
condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada.» Porser todo lo que he contado tan
averiguada verdad, me doy a entender quetambién lo es la que nuestro zagal dijo que se decía de
la causa de lamuerte de Grisóstomo. Y así, os aconsejo, señor, que no dejéis de hallarosmañana a
su entierro, que será muy de ver, porque Grisóstomo tiene muchosamigos, y no está de este lugar
a aquél donde manda enterrarse media legua.
— En cuidado me lo tengo —dijo don Quijote—, y agradézcoos el gusto que mehabéis dado con
la narración de tan sabroso cuento.
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