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Don Quijote

mí que ha de ser cosa muy de ver; alo menos, yo no dejaré de ir a verla, si supiese no volver
mañana al lugar.
— Todos haremos lo mesmo —respondieron los cabreros—; y echaremos suertes aquién ha de
quedar a guardar las cabras de todos.
— Bien dices, Pedro —dijo uno—; aunque no será menester usar de esadiligencia, que yo me
quedaré por todos. Y no lo atribuyas a virtud y apoca curiosidad mía, sino a que no me deja
andar el garrancho que el otrodía me pasó este pie.
— Con todo eso, te lo agradecemos —respondió Pedro.
Y don Quijote rogó a Pedro le dijese qué muerto era aquél y qué pastoraaquélla; a lo cual Pedro
respondió que lo que sabía era que el muerto eraun hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba
en aquellas sierras, elcual había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los
cualeshabía vuelto a su lugar, con opinión de muy sabio y muy leído.
— «Principalmente, decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo quepasan, allá en el cielo,
el sol y la luna; porque puntualmente nos decía elcris del sol y de la luna.»
— Eclipse se llama, amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminaresmayores —dijo don
Quijote.
Mas Pedro, no reparando en niñerías, prosiguió su cuento diciendo:
— «Asimesmo adevinaba cuándo había de ser el año abundante o estil.»
— Estéril queréis decir, amigo —dijo don Quijote.
— Estéril o estil —respondió Pedro—, todo se sale allá. «Y digo que con estoque decía se
hicieron su padre y sus amigos, que le daban crédito, muyricos, porque hacían lo que él les
aconsejaba, diciéndoles: ''Sembrad esteaño cebada, no trigo; en éste podéis sembrar garbanzos y
no cebada; el queviene será de guilla de aceite; los tres siguientes no se cogerá gota''.»
— Esa ciencia se llama astrología —dijo don Quijote.
— No sé yo cómo se llama —replicó Pedro—, mas sé que todo esto sabía, y aúnmás.
«Finalmente, no pasaron muchos meses, después que vino de Salamanca,cuando un día
remaneció vestido de pastor, con su cayado y pellico,habiéndose quitado los hábitos largos que
como escolar traía; y juntamentese vistió con él de pastor otro su grande amigo, llamado
Ambrosio, quehabía sido su compañero en los estudios. Olvidábaseme de decir
comoGrisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que élhacía los
villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autospara el día de Dios, que los
representaban los mozos de nuestro pueblo, ytodos decían que eran por el cabo. Cuando los del
lugar vieron tan deimproviso vestidos de pastores a los dos escolares, quedaron admirados, yno
podían adivinar la causa que les había movido a hacer aquella tanestraña mudanza. Ya en este
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