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Don Quijote

Estaba en el primero cartapacio, pintada muy al natural, la batalla de donQuijote con el vizcaíno,
puestos en la mesma postura que la historiacuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su
rodela, el otro de laalmohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser
dealquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un títuloque decía: Don Sancho
de Azpetia, que, sin duda, debía de ser su nombre, ya los pies de Rocinante estaba otro que
decía: Don Quijote. EstabaRocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan
atenuado yflaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien aldescubierto con
cuánta advertencia y propriedad se le había puesto elnombre de Rocinante. Junto a él estaba
Sancho Panza, que tenía del cabestroa su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía:
Sancho Zancas,y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande,el talle
corto y las zancas largas; y por esto se le debió de poner nombrede Panza y de Zancas, que con
estos dos sobrenombres le llama algunas vecesla historia. Otras algunas menudencias había que
advertir, pero todas sonde poca importancia y que no hacen al caso a la verdadera relación de
lahistoria; que ninguna es mala como sea verdadera.
Si a ésta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podráser otra sino haber sido
su autor arábigo, siendo muy propio de los deaquella nación ser mentirosos; aunque, por ser tan
nuestros enemigos, antesse puede entender haber quedado falto en ella que demasiado. Y ansí
meparece a mí, pues, cuando pudiera y debiera estender la pluma en lasalabanzas de tan buen
caballero, parece que de industria las pasa ensilencio: cosa mal hecha y peor pensada, habiendo y
debiendo ser loshistoriadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni elinterés ni
el miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer delcamino de la verdad, cuya madre es la
historia, émula del tiempo, depósitode las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo
presente,advertencia de lo por venir. En ésta sé que se hallará todo lo que seacertare a desear en
la más apacible; y si algo bueno en ella faltare, paramí tengo que fue por culpa del galgo de su
autor, antes que por falta delsujeto. En fin, su segunda parte, siguiendo la tradución, comenzaba
destamanera:
Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos yenojados combatientes,
no parecía sino que estaban amenazando al cielo, ala tierra y al abismo: tal era el denuedo y
continente que tenían. Y elprimero que fue a descargar el golpe fue el colérico vizcaíno, el cual
fuedado con tanta fuerza y tanta furia que, a no volvérsele la espada en elcamino, aquel solo
golpe fuera bastante para dar fin a su rigurosacontienda y a todas las aventuras de nuestro
caballero; mas la buenasuerte, que para mayores cosas le tenía guardado, torció la espada de
sucontrario, de modo que, aunque le acertó en el hombro izquierdo, no le hizootro daño que
desarmarle todo aquel lado, llevándole de camino gran partede la celada, con la mitad de la
oreja; que todo ello con espantosa ruinavino al suelo, dejándole muy maltrecho.
¡Válame Dios, y quién será aquel que buenamente pueda contar ahora la rabiaque entró en el
corazón de nuestro manchego, viéndose parar de aquellamanera! No se diga más, sino que fue de
manera que se alzó de nuevo en losestribos, y, apretando más la espada en las dos manos, con tal
furiadescargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobrela cabeza, que,
sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre éluna montaña, comenzó a echar sangre por
las narices, y por la boca y porlos oídos, y a dar muestras de caer de la mula abajo, de donde
cayera, sinduda, si no se abrazara con el cuello; pero, con todo eso, sacó los pies delos estribos y
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