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Don Quijote

porser la hora de la mañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no lesfatigaban. Dijo en esto
Sancho Panza a su amo:
— Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo quede la ínsula me tiene
prometido; que yo la sabré gobernar, por grande quesea.
A lo cual le respondió don Quijote:
— Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de loscaballeros andantes
antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de lasínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo
determinado de que por mí no faltetan agradecida usanza; antes, pienso aventajarme en ella:
porque ellosalgunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesenviejos; y, ya
después de hartos de servir y de llevar malos días y peoresnoches, les daban algún título de
conde, o, por lo mucho, de marqués, dealgún valle o provincia de poco más a menos; pero, si tú
vives y yo vivo,bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino que tuvieseotros a él
adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de unodellos. Y no lo tengas a mucho,
que cosas y casos acontecen a los talescaballeros, por modos tan nunca vistos ni pensados, que
con facilidad tepodría dar aún más de lo que te prometo.
— De esa manera —respondió Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagrode los que
vuestra merced dice, por lo menos, Juana Gutiérrez, mi oíslo,vendría a ser reina, y mis hijos
infantes.
— Pues, ¿quién lo duda? —respondió don Quijote.
— Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—; porque tengo para mí que, aunquelloviese Dios reinos
sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre lacabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale
dos maravedís parareina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.
— Encomiéndalo tú a Dios, Sancho —respondió don Quijote—, que Él dará lo quemás le
convenga, pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentarcon menos que con ser
adelantado.
— No lo haré, señor mío —respondió Sancho—; y más teniendo tan principal amoen vuestra
merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yopueda llevar.
Capítulo VIII. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en laespantable
y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otrossucesos dignos de
felice recordación
En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquelcampo; y, así como
don Quijote los vio, dijo a su escudero:
— La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear,porque ves allí,
amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocosmás, desaforados gigantes, con quien
pienso hacer batalla y quitarles atodos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer;
 
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