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Don Quijote

De tal manera, y por tan buenos términos, iba prosiguiendo en su pláticadon Quijote que obligó a
que, por entonces, ninguno de los que escuchándoleestaban le tuviese por loco; antes, como
todos los más eran caballeros, aquien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana; y
él prosiguiódiciendo:
— Digo, pues, que los trabajos del estudiante son éstos: principalmentepobreza (no porque todos
sean pobres, sino por poner este caso en todo elestremo que pueda ser); y, en haber dicho que
padece pobreza, me parece queno había que decir más de su mala ventura, porque quien es pobre
no tienecosa buena. Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya enfrío, ya en
desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta queno coma, aunque sea un poco más
tarde de lo que se usa, aunque sea de lassobras de los ricos; que es la mayor miseria del
estudiante éste que entreellos llaman andar a la sopa; y no les falta algún ajeno brasero
ochimenea, que, si no callenta, a lo menos entibie su frío, y, en fin, lanoche duermen debajo de
cubierta. No quiero llegar a otras menudencias,conviene a saber, de la falta de camisas y no
sobra de zapatos, la raridady poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, cuando la
buenasuerte les depara algún banquete. Por este camino que he pintado, áspero ydificultoso,
tropezando aquí, cayendo allí, levantándose acullá, tornando acaer acá, llegan al grado que
desean; el cual alcanzado, a muchos hemosvisto que, habiendo pasado por estas Sirtes y por
estas Scilas y Caribdis,como llevados en vuelo de la favorable fortuna, digo que los hemos
vistomandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura,su frío en
refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera enreposar en holandas y damascos:
premio justamente merecido de su virtud.Pero, contrapuestos y comparados sus trabajos con los
del mílite guerrero,se quedan muy atrás en todo, como ahora diré.
Capítulo XXXVIII. Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote delas
armas y las letras
Prosiguiendo don Quijote, dijo:
— Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes, veamos si esmás rico el
soldado. Y veremos que no hay ninguno más pobre en la mismapobreza, porque está atenido a la
miseria de su paga, que viene o tarde onunca, o a lo que garbeare por sus manos, con notable
peligro de su vida yde su conciencia. Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un
coletoacuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno sesuele reparar de las
inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa,con sólo el aliento de su boca, que, como sale
de lugar vacío, tengo poraveriguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad
queespere que llegue la noche, para restaurarse de todas estas incomodidades,en la cama que le
aguarda, la cual, si no es por su culpa, jamás pecará deestrecha; que bien puede medir en la tierra
los pies que quisiere, yrevolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las
sábanas.Lléguese, pues, a todo esto, el día y la hora de recebir el grado de suejercicio; lléguese
un día de batalla, que allí le pondrán la borla en lacabeza, hecha de hilas, para curarle algún
balazo, que quizá le habrápasado las sienes, o le dejará estropeado de brazo o pierna. Y, cuando
estono suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserve sano y vivo,podrá ser que se quede
en la mesma pobreza que antes estaba, y que seamenester que suceda uno y otro rencuentro, una
y otra batalla, y que detodas salga vencedor, para medrar en algo; pero estos milagros vense
rarasveces. Pero, decidme, señores, si habéis mirado en ello: ¿cuán menos sonlos premiados por
 
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