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Don Quijote

pues, solo, comenzó a cargar tanto laimaginación de su desventura, que claramente conoció que
se le iba acabandola vida; y así, ordenó de dejar noticia de la causa de su estraña muerte;y,
comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quería, lefaltó el aliento y dejó la
vida en las manos del dolor que le causó sucuriosidad impertinente.
»Viendo el señor de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acordóde entrar a saber si
pasaba adelante su indisposición, y hallóle tendidoboca abajo, la mitad del cuerpo en la cama y
la otra mitad sobre el bufete,sobre el cual estaba con el papel escrito y abierto, y él tenía aún
lapluma en la mano. Llegóse el huésped a él, habiéndole llamado primero; y,trabándole por la
mano, viendo que no le respondía y hallándole frío, vioque estaba muerto. Admiróse y congojóse
en gran manera, y llamó a la gentede casa para que viesen la desgracia a Anselmo sucedida; y,
finalmente,leyó el papel, que conoció que de su mesma mano estaba escrito, el cualcontenía estas
razones:
Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muertellegaren a los oídos
de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estabaella obligada a hacer milagros, ni yo tenía
necesidad de querer que ellalos hiciese; y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay
paraqué...
»Hasta aquí escribió Anselmo, por donde se echó de ver que en aquel punto,sin poder acabar la
razón, se le acabó la vida. Otro día dio aviso su amigoa los parientes de Anselmo de su muerte,
los cuales ya sabían su desgracia,y el monesterio donde Camila estaba, casi en el término de
acompañar a suesposo en aquel forzoso viaje, no por las nuevas del muerto esposo, mas porlas
que supo del ausente amigo. Dícese que, aunque se vio viuda, no quisosalir del monesterio, ni,
menos, hacer profesión de monja, hasta que, no deallí a muchos días, le vinieron nuevas que
Lotario había muerto en unabatalla que en aquel tiempo dio monsiur de Lautrec al Gran Capitán
GonzaloFernández de Córdoba en el reino de Nápoles, donde había ido a parar eltarde
arrepentido amigo; lo cual sabido por Camila, hizo profesión, y acabóen breves días la vida a las
rigurosas manos de tristezas y melancolías.Éste fue el fin que tuvieron todos, nacido de un tan
desatinado principio.»
— Bien —dijo el cura— me parece esta novela, pero no me puedo persuadir queesto sea verdad;
y si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puedeimaginar que haya marido tan necio que
quiera hacer tan costosa experienciacomo Anselmo. Si este caso se pusiera entre un galán y una
dama, pudiérasellevar, pero entre marido y mujer, algo tiene del imposible; y, en lo quetoca al
modo de contarle, no me descontenta.
Capítulo XXXVI. Que trata de la brava y descomunal batalla que don
Quijotetuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la
ventale sucedieron
Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo:
— Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes: si ellos paran aquí,gaudeamus tenemos.
— ¿Qué gente es? —dijo Cardenio.
 
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