Not a member?     Existing members login below:

Don Quijote

Camila dijo que ansí lo haría, aunque contra su voluntad.»Partióse Anselmo, y otro día vino a su
casa Lotario, donde fue rescebidode Camila con amoroso y honesto acogimiento; la cual jamás
se puso en partedonde Lotario la viese a solas, porque siempre andaba rodeada de suscriados y
criadas, especialmente de una doncella suya, llamada Leonela, aquien ella mucho quería, por
haberse criado desde niñas las dos juntas encasa de los padres de Camila, y cuando se casó con
Anselmo la trujoconsigo.
»En los tres días primeros nunca Lotario le dijo nada, aunque pudiera,cuando se levantaban los
manteles y la gente se iba a comer con muchapriesa, porque así se lo tenía mandado Camila. Y
aun tenía orden Leonelaque comiese primero que Camila, y que de su lado jamás se quitase;
masella, que en otras cosas de su gusto tenía puesto el pensamiento y habíamenester aquellas
horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, nocumplía todas veces el mandamiento de su
señora; antes, los dejaba solos,como si aquello le hubieran mandado. Mas la honesta presencia
de Camila, lagravedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que poníafreno a la
lengua de Lotario.
»Pero el provecho que las muchas virtudes de Camila hicieron, poniendosilencio en la lengua de
Lotario, redundó más en daño de los dos, porque sila lengua callaba, el pensamiento discurría y
tenía lugar de contemplar,parte por parte, todos los estremos de bondad y de hermosura que
Camilatenía, bastantes a enamorar una estatua de mármol, no que un corazón decarne.
»Mirábala Lotario en el lugar y espacio que había de hablarla, yconsideraba cuán digna era de
ser amada; y esta consideración comenzó pocoa poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo
tenía, y mil veces quisoausentarse de la ciudad y irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni
élviese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallabaen mirarla. Hacíase
fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentirel contento que le llevaba a mirar a
Camila. Culpábase a solas de sudesatino, llamábase mal amigo y aun mal cristiano; hacía
discursos ycomparaciones entre él y Anselmo, y todos paraban en decir que más habíasido la
locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si asítuviera disculpa para con Dios
como para con los hombres de lo que pensabahacer, que no temiera pena por su culpa.
»En efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasiónque el ignorante
marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtadde Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra
cosa que aquella a que su gustole inclinaba, al cabo de tres días de la ausencia de Anselmo, en
los cualesestuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenzó a requebrar aCamila, con
tanta turbación y con tan amorosas razones que Camila quedósuspensa, y no hizo otra cosa que
levantarse de donde estaba y entrarse asu aposento, sin respondelle palabra alguna. Mas no por
esta sequedad sedesmayó en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el
amor;antes, tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo quejamás pensara, no
sabía qué hacerse. Y, pareciéndole no ser cosa segura nibien hecha darle ocasión ni lugar a que
otra vez la hablase, determinó deenviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo
con un billete aAnselmo, donde le escribió estas razones:
Capítulo XXXIV. Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente
 
Remove