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Don Quijote

— Harto reposo será para mí —dijo Dorotea— entretener el tiempo oyendo algúncuento, pues
aún no tengo el espíritu tan sosegado que me conceda dormircuando fuera razón.
— Pues desa manera —dijo el cura—, quiero leerla, por curiosidad siquiera;quizá tendrá alguna
de gusto.
Acudió maese Nicolás a rogarle lo mesmo, y Sancho también; lo cual vistodel cura, y
entendiendo que a todos daría gusto y él le recibiría, dijo:— Pues así es, esténme todos atentos,
que la novela comienza desta manera:
Capítulo XXXIII. Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente
«En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llamanToscana, vivían
Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, ytan amigos que, por excelencia y
antonomasia, de todos los que los conocíanlos dos amigos eran llamados. Eran solteros, mozos
de una misma edad y deunas mismas costumbres; todo lo cual era bastante causa a que los dos
conrecíproca amistad se correspondiesen. Bien es verdad que el Anselmo eraalgo más inclinado
a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cualllevaban tras sí los de la caza; pero, cuando se
ofrecía, dejaba Anselmo deacudir a sus gustos por seguir los de Lotario, y Lotario dejaba los
suyospor acudir a los de Anselmo; y, desta manera, andaban tan a una susvoluntades, que no
había concertado reloj que así lo anduviese.»Andaba Anselmo perdido de amores de una
doncella principal y hermosa de lamisma ciudad, hija de tan buenos padres y tan buena ella por
sí, que sedeterminó, con el parecer de su amigo Lotario, sin el cual ninguna cosahacía, de pedilla
por esposa a sus padres, y así lo puso en ejecución; y elque llevó la embajada fue Lotario, y el
que concluyó el negocio tan a gustode su amigo, que en breve tiempo se vio puesto en la
posesión que deseaba,y Camila tan contenta de haber alcanzado a Anselmo por esposo, que
nocesaba de dar gracias al cielo, y a Lotario, por cuyo medio tanto bien lehabía venido.
»Los primeros días, como todos los de boda suelen ser alegres, continuóLotario, como solía, la
casa de su amigo Anselmo, procurando honralle,festejalle y regocijalle con todo aquello que a él
le fue posible; pero,acabadas las bodas y sosegada ya la frecuencia de las visitas y
parabienes,comenzó Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo,por
parecerle a él —como es razón que parezca a todos los que fuerendiscretos— que no se han de
visitar ni continuar las casas de los amigoscasados de la misma manera que cuando eran solteros;
porque, aunque labuena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada,
contodo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puedeofender aun de los
mesmos hermanos, cuanto más de los amigos.
»Notó Anselmo la remisión de Lotario, y formó dél quejas grandes,diciéndole que si él supiera
que el casarse había de ser parte para nocomunicalle como solía, que jamás lo hubiera hecho, y
que si, por la buenacorrespondencia que los dos tenían mientras él fue soltero, habíanalcanzado
tan dulce nombre como el de ser llamados los dos amigos, que nopermitiese, por querer hacer del
circunspecto, sin otra ocasión alguna,que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese; y que
así, le suplicaba,si era lícito que tal término de hablar se usase entre ellos, que volviesea ser
señor de su casa, y a entrar y salir en ella como de antes,asegurándole que su esposa Camila no
tenía otro gusto ni otra voluntad quela que él quería que tuviese, y que, por haber sabido ella con
 
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