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Don Quijote

A
vuestra
espada
no
igualó
la
mía,
Febo
español,
curioso
cortesano,
ni
a
la
alta
gloria
de
valor
mi
mano,
que
rayo
fue
do
nace
y
muere
el
día.
Imperios
desprecié;
la
monarquía
que
me
ofreció
el
Oriente
rojo
en
vano
dejé,
por
ver
el
rostro
soberano
de
Claridiana,
aurora
hermosa
mía.
Améla
por
milagro
único
y
raro,
y,
ausente
en
su
desgracia,
el
propio
infierno
temió
mi
brazo,
que
domó
su
rabia.
Mas
vos,
godo
Quijote,
ilustre
y
claro,
por
Dulcinea
sois
al
mundo
eterno,
y ella, por vos, famosa, honesta y sabia.
DE SOLISDÁN A DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Soneto
Maguer,
señor
Quijote,
que
sandeces
vos
tengan
el
cerbelo
derrumbado,
nunca
seréis
de
alguno
reprochado
por
home
de
obras
viles
y
soeces.
Serán
vuesas
fazañas
los
joeces,
pues
tuertos
desfaciendo
habéis
andado,
siendo
vegadas
mil
apaleado
por
follones
cautivos
y
raheces.
Y
si
la
vuesa
linda
Dulcinea
desaguisado
contra
vos
comete,
ni
a
vuesas
cuitas
muestra
buen
talante,
en
tal
desmán,
vueso
conorte
sea
que
Sancho
Panza
fue
mal
alcagüete,
necio él, dura ella, y vos no amante.
DIÁLOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE
Soneto
B.
¿Cómo
estáis,
Rocinante,
tan
delgado?
R.
Porque
nunca
se
come,
y
se
trabaja.
B.
Pues,
¿qué
es
de
la
cebada
y
de
la
paja?
R.
No
me
deja
mi
amo
ni
un
bocado.
B.
Andá,
señor,
que
estáis
muy
mal
criado,
pues
vuestra
lengua
de
asno
al
amo
ultraja.
R.
Asno
se
es
de
la
cuna
a
la
mortaja.
¿Queréislo
ver?
Miraldo
enamorado.
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