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Don Quijote

paraqué predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un génerode mezcla de
quien no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento. Sólotiene que aprovecharse de la
imitación en lo que fuere escribiendo; que,cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que
se escribiere. Y,pues esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad ycabida
que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías, nohay para qué andéis
mendigando sentencias de filósofos, consejos de laDivina Escritura, fábulas de poetas, oraciones
de retóricos, milagros desantos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes,
honestasy bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo;pintando, en todo lo
que alcanzáredes y fuere posible, vuestra intención,dando a entender vuestros conceptos sin
intricarlos y escurecerlos.Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se
mueva arisa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto seadmire de la
invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje dealabarla. En efecto, llevad la mira
puesta a derribar la máquina malfundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y
alabados demuchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco.
Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decía, y de talmanera se
imprimieron en mí sus razones que, sin ponerlas en disputa, lasaprobé por buenas y de ellas
mismas quise hacer este prólogo; en el cualverás, lector suave, la discreción de mi amigo, la
buena ventura mía enhallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallartan
sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de laMancha, de quien hay opinión,
por todos los habitadores del distrito delcampo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el
más valientecaballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yono quiero
encarecerte el servicio que te hago en darte a conocer tan nobley tan honrado caballero, pero
quiero que me agradezcas el conocimiento quetendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en
quien, a mi parecer, tedoy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los
librosvanos de caballerías están esparcidas.
Y con esto, Dios te dé salud, y a mí no olvide. Vale.
AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Urganda
la
desconocida
Si
de
llegarte
a
los
bue-,
libro,
fueres
con
letu-,
no
te
dirá
el
boquirru-
que
no
pones
bien
los
de-.
Mas
si
el
pan
no
se
te
cue-
por
ir
a
manos
de
idio-,
verás
de
manos
a
bo-,
aun
no
dar
una
en
el
cla-,
si
bien
se
comen
las
ma-
por
mostrar
que
son
curio-.
Y,
pues
la
expiriencia
ense-
que
el
que
a
buen
árbol
se
arri-
buena
sombra
le
cobi-,
en
Béjar
tu
buena
estre-
 
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