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Diario de un Reconocimiento de la Guardia y Fortines

PROEMIO
AL
DIARIO DE AZARA.
Este cuaderno, que contiene uno de los tantos proyectos que se hanformado para la seguridad de
nuestros campos, recuerda tambien uno delos importantes trabajos de D. Felix de Azara en estas
provincias.
El virey Melo, testigo del celo de este inteligente oficial en elParaguay, aprovechó su inaccion en
Buenos Aires para encargarle elreconocimiento de nuestra frontera. La proximidad el arrojo de
losbárbaros mantenian á los pocos moradores del campo en una alarmacontinua; y se trataba
menos de entanchar nuestro territorio, quedefender la vida de sus habitantes. Hasta entonces, y
mucho despues, elque presidia el vasto vireinato de Buenos Aires mandaba obsequiar álos
caciques para que no le hostilizasen, y era general el deseo desalir de un estado tan degradante.
Los hacendados y el Cabildo habianrepresentado al Rey la necesidad de avanzar y proteger las
poblaciones:muchas cédulas habian llegado de España con la aprobacion de estosplanes, y
destinando fondos para realizarlos; pero nunca faltaban[Pg ii]pretextos para eludirlas, y la obra de
nuestra frontera habia tenido lamisma suerte que la famosa acequia imperial de Aragon, en que
seempezó á trabajar dos siglos despues que fué proyectada.—
Esta vez no se echó mano de agrimensores, como se hizo en tiempo deVertiz, sino que se libró el
problema á la consideracion de geógrafosexperimentados, como Cerviño, Insiarte y Azara, á los
que fueronasociados Quintana y Pinazo, que sin ser facultativos, tenian unconocimiento práctico
del terreno.
Bajo estos auspicios salió la expedicion de Buenos Aires, y se dirigióal fuerte de Melincué,
desde donde bajó hasta la isla Postrera,recorriendo una línea, marcada por el Salado, y
comprendida entre los33° 42' 24'', y los 36° 5' 30'' de latitud austral.
En el informe, con que Azara acompañó el diario de este reconocimiento,espuso al Virey los
defectos que habia notado en el sistema de defensade la frontera, y los principios que le habian
guiado en el plan que élproponia para enmendarlos. Si no fuera intempestivo cualquier exámen
deestas ideas, que por la extension progresiva de nuestros límites handejado de ser aplicables,
probariamos que son cuando menos problemáticaslas ventajas de establecer fuertes á igual
distancia entre sí, y en lamisma direccion; ó, (para valernos de las palabras del autor) que
noadelanten notablemente unos de otros.[1] Y sin embargo, tan penetradoestaba Azara de la
utilidad de esta disposicion simétrica, que, "porsugetarse mas á estas condiciones, no aprovechó
muchas veces de sitiosexcelentes, y acaso mejores que los electos."[2]
Mas cuerdo fué el consejo que dió de apoderarse de la isla deChoelechel, cuyos resultados
favorables calculó con bastante acierto:aunque se equivocase en la influencia que debia egercer
esta ocupacion[Pg iii]sobre el comercio de las provincias interiores, fundámdose en la uniondel
Diamante con el Rio Negro. Pero este error, del que no era fácilprecaverse en aquella época,
nada quita al mérito del reconocimientocientifico que hizo de nuestra frontera.
 
 
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