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Diario Histórico de la Rebelión y Guerra de los Pueblos Guaranis Situados en la Costa Oriental del Rio Uruguay, del Añ

De este modo terminó una guerra que inspirò vivas alarmas à las cortes de Madrid y de Lisboa,
acostumbradas á ver obedecidas ciegamente sus òrdenes, y á mirar à los indìgenas como á la clase
mas abyecta de sus subditos. Despues del gran levantamiento de los Araucanos al fin de la XVI.'ta
centuria, ningun acto de insubordinacion habia turbado las colonias, cuyo sosiego se tenia por
inalterable. Y realmente la resistencia de los indios
Guaranís
no arrancaba de un espíritu de sedicion, sino de
un sentimiento de fidelidad
que la hacia mas obstinada. Así es que el autor del diario, hablando de los rumores que circulaban en
las Misiones durante la lucha, esclama:
¿Quien creyera que las cosas de los indios estén en tal estado, que para servir al Rey sea necesario
tomar las armas contra él mismo.
[4]
Si los PP. Misioneros fueron autores, ò víctimas de este engaño, no es facil decidirlo; pero las càbalas
que ya empezaban à urdirse contra la
Compañia
, deben inspirar desconfianzas hácia todos los cargos que se le hicieron en aquella época. Cierto de
que ellos conservaron hasta el último desenlace la esperanza de ver anulado el tratado, y continuaron
arreglando los pueblos como si nunca debieran abandonarlos. Cuando las tropas del Rey entraron en
San Luis se trabajaba en rematar los dos hermosos gnomones que construyeron los PP. en el corredor
de su huerta, y en el pueblo de San Lorenzo quedó á medio dorar el altar de San Antonio.[5]
Estos pormenores pueden servir para disculpar à los Jesuitas de la complicidad que se les atribuye, y de un
modo mas convincente que la fastidiosa repeticion que hace Funes de las alteraciones que notó Muriel en
la version castellana de este diario por Ibañez.
Si el concepto de la secreta oposicion del Rey al tratado no es bastante justificacion para los que lo
atacaron, tampoco podrán librarles de la nota de rebeldes las correcciones tan laboriosamente
hacinadas por el continuador de Charlevoix para restablecer el texto de Henis. Por mas que se
comenten estas
Efemerides
nunca se llegará á desmentir por este lado lo que tan candidamente expresa el autor en cada uno de sus
párrafos.
Sin embargo, no es posible negar el mal uso que hizo Ibañez de este documento, en la formacion de su
obra, titulada:
El reino jesuítico del Paraguay
.[6] Expulso del Colegio de Buenos Aires poco despues de la celebracion del tratado de 1750, este
individuo se ofreció al Marques de Valdelirios para suministrarle los conocimientos adquiridos sobre
el estado de las Misiones, y las miras de los que las administraban. En estas revelaciones era natural
que le guiase un espíritu de rencor, y que acreditase, en cuanto le era posible, el plan de usurpacion
que se atribuia á los Jesuitas. Valdelirios, que estaba prevenido contra ellos, sobre todo despues de la
insurreccion de sus pueblos, acogia con deferencia estas especies; y alentado Ibañez por esta
proteccion, atacò con mas descaro á sus antiguos hermanos. No contento con la zizaña que habia
sembrado en Buenos Aires, pasó á Madrid, donde las recomendaciones que llevaba, y los servicios
que habia prestado, le pusieron en contacto con D. Ricardo Wall, sucesor de Carvajal, y
comprometido en todos sus planes.
Las circunstancias no podian ser mas à propòsito para favorecer las miras de este ex-claustrado. Sus
cargos, que en cualquier otra época se hubiesen mirado con el desprecio que inspira un sentimiento de
venganza, trillaron el camino á otros ataques, que acabaron con la ruina de la Sociedad que le habia
repudiado. Pero no se consiguiò por esto dar cumplimiento al tratado; y se tuvo por fin que echar mano de
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