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Diario Histórico de la Rebelión y Guerra de los Pueblos Guaranis Situados en la Costa Oriental del Rio Uruguay, del Añ

en el pueblo de San Miguel, dijo este "que circulaba en aquellos pueblos una carta del Gobernador de
Buenos Aires, dirigida al Superior de las Misiones, ordenando à los indios
el empleo de la fuerza
en defensa de su territorio, y à no permitir la entrada à ningun portugues: enfin, que
aquellas eran las instrucciones que tenian de sus doctrineros
."[1]
Esta declaracion se halla confirmada en varios lugares del diario de Henis, que descubren el error en que
vivian los PP., que "los indios harian un gran servicio al Rey, si se defendian, oponian y resistian con
todas sus fuerzas, mientras llegaba de Europa la providencia que se esperaba."[2]
En el mismo sentido se expresaba el P. Rávago, confesor del imbecil Fernando VI, asegurando al Superior
de los Misiones, que el Rey, víctima de las intrigas de su consejero Carvajal, autor del tratado, no se le
habia opuesto hasta entonces por pusilanimidad é ignorancia.
Entretanto la insurreccion, que cundia en los pueblos de Misiones, no dejaba mas arbitrio que el de la
fuerza para sofocarla. En una junta que se celebró en la isla de Martin Garcia entre Valdelirios, Gomez
Freyre, y Andonaegui, Gobernador de Buenos Aires, se acordò que, á mas de los cuerpos veteranos de la
guarnicion, se convocarian las milicias de Montevideo, Santa Fé y Corrientes, á las que se reunirian 1,000
Portugueses y un competente nùmero de vecinos, para llevar la guerra á los pueblos insurreccionados.
En estos preparativos se invertieron algunos meses, hasta que á principios de Mayo del año de 1754 se
abriò la campaña, al mando de Andonaegui, que debia ocupar el punto central de San Nicolas, mientras
Freyre, con otro trozo de tropas que se organizaban en el Rio Grande, atacaria el pueblo de Santo Angel,
situado en el borde exterior del Yguy-guazù.
Para agotar todos los medios de conciliacion de que podia hacerse uso sin menoscabo de la autoridad real,
se hizo preceder al ataque un parlamentario, que debia hacer las ùltimas amonestaciones à los rebeldes,
por medio del cura de Yapeyù à quien fuè dirigido.
Pero el conductor de este oficio tuvo la desgracia de caer en manos de una partida de sublevados, que lo
inmolaron en compañia de otros cinco hombres que lo escoltaban. Este crímen hizo imposible todo
avenimiento, y el ejèrcito, que habia hecho alto en las costas del Ygarapey, avanzò hasta el Ibicuy, por
caminos intransitables, y en el rigor del invierno. La falta de pastos, y la extenuacion que causó en los
caballos, obligaron el ejèrcito español à retroceder hasta el Salto-chico, y este movimiento retrogrado, al
romper las hostilidades, envalentonó à los indios, que le salieron al frente para hostilizarle.
Por otra parte Gomez Freyre se habia enredado en los bosques del Yacuì, donde supo la retirada de
Andonaegui; mientras los sublevados, cuyo mayor odio era contra los Portugueses, fueron à desafiarlos
hasta el rio Pardo. Estos ataques parciales, cuya victoria se atribuian los gefes aliados, acabaron en un
armisticio que no tuvo á menos Gomez Freyre celebrar con los caciques en su campamento del rio
Yacuí.[3]
Irritado por tanta cobardia è impericia, el Brigadier D. Josè Joaquin de Viana, Gobernador de
Montevideo, volò al campamento de Freyre á instarle para que rompiese cuanto antes estas treguas
vergonzosas. Las palabras de este bizarro oficial despertaron el valor de sus compañeros, que, bajo su
direccion y auspicios, derrotaron en un primer choque à los indios cerca de Batovì, en donde el
mismo General derribó de un pistoletazo al famoso caudillo
Sepé
.
Sucedió en el mando de los sublevados el corregidor, ó cacique del pueblo de Concepcion, Nicolas
Nanguirù, mas conocido en la historia de estos tumultos bajo el nombre de NICOLAS I, que se dijo haber
tomado con el carácter de rey.
Viana, que despues de la accion de Batovì, marchaba al frente de los españoles y lusitanos en nùmero de
2,500, volviò á arrollar à los indios al pié del cerro de Caybaté, donde le aguardaban con cerca de 2,000
combatientes. Al dia siguiente ocupò el pueblo de San Miguel, ó mas bien sus escombros, por haber sido
desamparado y reducido à cenizas; y desde este punto intimò la rendicion á los demas pueblos, que todos
se sometieron, excepto el de San Lorenzo, que solo cediò á la fuerza: confirmando con este último rasgo
de obstinacion las sospechas que se tenian formadas sobre la cooperacion de los misioneros, siendo cura de
este pueblo el mismo P. Tadeo Xavier Henis, autor del diario, cuyo autógrafo se halló en su escritorio.
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