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Descripción de la Patagonia y de las Partes Adyacentes de la América Meridional

desus mismos peligros enflamaron la mente del jóven facultativo, que sedecidió fácilmente á
acompañarle en su próximo viage. Poco despues de suregreso á Inglaterra, emprendió otro á
Cádiz, en donde se embarcó paraBuenos Aires. Una enfermedad que le sobrevino, cuando el
buque sepreparaba á zarpar de esta rada, lo hizo perder la ocasion de volver áEuropa. Solo,
aislado, falto de relaciones y de recursos en una tierraextraña, cuyo mismo idioma lo era
desconocido, tuvo que ampararse de losque por instituto profesaban la caridad y la filantropia.
Hijo deirlandés, y católico, aunque nacido en un país disidente, invocó conconfianza los auxilios
que necesitaba. La aplicacion que hizo de susconocimientos médicos en su propio individuo,
inspiraron á los jesuitasque lo asistian, el mas vivo deseo de poseerlo; y sea que obrase en élla
gratitud, sea que se hallase bajo el influjo de sentimientos maselevados, no tardó en decidirse á
pronunciar sus votos.
La estension que habian dado los jesuitas á sus trabajos evangélicos,mantenia en una actividad
extraordinaria á sus operários, y sobre todo álos que, como Falkner, estaban iniciados en los
secretos de la higiene.Así es, que desde el dia en que entró en la Compañía, hasta la supresionde
esta órden, pasó del Paraguay á Tucuman, y de las pampas del sud álos bosques impenetrables
del Chaco.
Encargado por el gobierno español de reconocer las costas del vireinatode Buenos Aires, empezó
á mirar el país bajo un nuevo aspecto, y fuéacopiando materiales para una obra que, segun
parece, destinaba alministerio inglés. Nos es sensible hacer dudar de la lealtad de esteescritor:
pero son tan claras y evidentes las indicaciones que hace envarios párrafos de su obra, que no es
posible equivocarse sobre susintenciones.
Tal vez la persecucion del gobierno español contra los Jesuitas influyóen esta conducta, que aun
así no queda justificada. Sean cuales fuerenlos motivos de disgusto que tenga un extrangero
con[Pg 7]tra el país que leacoge, nunca debe conspirar contra él, ni proporcionar armas á los
queaspiran á invadirlo ó usurparlo: y tal fué el objeto que se propusoFalkner al emprender la
descripcion de Patagonia.
"Si alguna nacion intentára poblar este país, dice en un capítulode su obra, podria ocasionar un
perpetuo sobresalto á losespañoles, por razon de que desde aquí se enviarian navios á la mardel
sud, para destruir en él todos sus puertos, antes que talcosa ó intencion se supiera en España, ni
aun en Buenos Aires.Fuera de que se podria descubrir un camino mas corto para navegareste rio
con barcos hasta Valdivia: podríanse reunir tambien tropasde indios moradores de sus orillas, y
los mas valientes de estastribus, que se alistarian con la esperanza del pillage; de maneraque
seria muy fácil el rendir la guarnicion importante de Valdivia,y allanar el paso á la ocupacion de
Valparaiso, por las que seaseguraria la conquista del reino de Chile."—El cargo quehacemos á
Falkner es tan grave, que nos hemos creido con laobligacion de justificarlo.
Prescindiendo de las miras que tuvo en reunir estos apuntes, no se lepuede disputar el mérito de
haber sido el primero y el mas exactohistoriador de la region magallánica. En los antiguos
tratados degeografia, y en la descripcion general del mundo, esta parte del globoera representada
como un vasto desierto entre el Oceano y las últimasramificaciones de la Cordillera de los
Andes. D'Anville, acostumbrado áconstruir sus mapas con los materiales que encontraba en los
libros,siguió el mismo método en la carta que publicó de la América meridional,la que sin
embargo fué por mucho tiempo mirada cómo la descripcion masexacta de estos paises. Pero tan
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