obrita que ahora doy á luz. Elhallazgo del libro manuscrito de
Marcuello, dió lugar á que se pensaseen estampas: el Sr. General
Breton deseoso del esplendor de una obra quehabia de ponerse
en manos de la Reina, aprobó la idea, y el tenientecoronel de
ingenieros D. Pedro Ortiz de Pinedo, á virtud de unaexcitacion
de S. E. se prestó á cuanto le exigí para la formacion dealgunos
dibujos[1]. Ya iba á imprimirse este opúsculo, cuando sesuspendió egecutarlo con motivo de haber creido S. E. que no
llegaria átiempo para entregarse á S. M. á su paso por esta
capital. El viage seretardó, y me consta que S. E. sintió verse
privado de estasatisfaccion, y de que yo pudiera hacer este
insignificante obsequio ámi Reina, que por fin me he decidido á
dedicárselo por mí solo conaumento de láminas, aunque fuera de
la oportunidad que lo hubiera hechomas apreciable. El que sepa
que además de los negocios de mi profesionde abogado, de los
que pesaban sobre mí como síndico 1.º de estacapital, y de las
innumerables causas de vagos cuyo exámen se meencargó, he
compuesto este opúsculo en momentos interrumpidos, y
sinpoder volver á reconocer detenidamente algunos de los
volúmenes, quetengo leídos en los años de mi juventud;
disimulará indudablemente losdefectos que encuentre, y ya que
no considere de mérito este trabajo, nopodrá menos de hacer
justicia á mi laboriosidad, al celo que muestro porrecordar las
glorias de mi patria, y al interés que tomo en todo lo quepuede
ser grato á S. M. Los que no están instruidos en la historiaverán,
despues de leída mi obra, lo que antes no veian en el Castillo
dela ALJAFERIA: los literatos solo encontrarán algunos
materiales quepodrán utilizar para el esclarecimiento de la
historia, la cual no puedeperfeccionarse sino dirigiéndo las
investigaciones á puntosdeterminados. No tengo la pretension
del acierto: solo deseo que no seolvide la pureza de mis
