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Gatsby
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Brasil, y un ambiente embalsamado con elperfume de mil flores llegaba ya hasta mi, haciéndome
gustar inefables ydulces emociones. Iba yo al cabo á echar pié sobre el mundo de Colon,sobre esa
tierra de prodigios, cuya exploracion habia siempre ansiadoaun en medio de los sueños de mi infancia.
Tomé finalmente asiento enAmérica por espacio de ocho años.
El Rio Janeiro con sus montañas de granito y sus bellas y vírgenesselvas fué el primer teatro de mis
exploraciones. Montevideo, Maldonadoy toda la república oriental del Uruguay, ocupada entónces por
losBrasileros, me enseñó luego sus campos, que se asemejan á los deFrancia. Atravesando la Banda
oriental pasé á Buenos-Aires, y meembarqué en seguida en el Paraná, para trasportarme á las fronteras dela
provincia del Paraguay, declarada hoy dia Estado independiente. Subicomo trecientas cincuenta leguas por
este inmenso rio, cuya magestuosacorriente es de esperar que algun dia se verá surcada por centenares
deembarcaciones, las que impulsadas por el vapor ascenderán hastaChiquitos, haciendo así mas inmediata
la comunicacion de Bolivia con laEuropa.
Las ondas de este caudaloso rio, que tiene mas de una legua de ancho,corren sobre un lecho cuyas
márgenes é innumerables islas se venadornadas de vistosos boscages, en donde la graciosa palmera
entretegesu follage con el de los árboles mas variados y bellos.
Recorrí durante un año entero todos los puntos de la provincia deCorrientes y de Misiones, y despues de
haber penetrado en el Gran-Chaco,dí la vuelta por las provincias de Entre-Rios y de Santa-Fé. De regresoá
Buenos-Aires, quise encaminarme á Chile ó á Bolivia; mas calculando lodifícil que me seria atravesar el
continente con toda seguridad, por lasturbulencias que, despues de la paz con el Brasil, minaban aquel
estado,me decidí á pasar á la Patagonia, tierra misteriosa, cuyo solo nombreencerraba en ese entónces un no
sé que de mágico. Me transporté puesallí á fines de 1826, y permanecí en ella durante ocho meses.
Pude efectuar mis primeras investigaciones con bastante sosiego, por maspenoso que fuese el recorrer un
pais de los mas áridos, y en donde lafalta de agua se hace sentir á cada paso en el corazon de esos
monótonosé interminables desiertos; pero los indios Puelches, Aucas y Patagonesse sublevaron
inopinadamente contra la naciente colonia del Cármen,situada á orillas del rio Negro, y me ví entónces
precisado á reunirme ásus habitantes para cooperar á la defensa comun. Habiendo vuelto porsegunda vez á
Buenos-Aires, hallé este pais en tan completa anarquia,que, reconociendo la absoluta imposibilidad de
pasar á Chile atravesandolas pampas, tomé el partido de doblar el cabo dé Hornos. A mi llegada
áValparaiso encontré tambien á la república Chilena en un estado deagitacion nada propicio para los viages
científicos, y provisto entóncesde las recomendaciones del cónsul general de Francia en este Estado,pasé á
Bolivia, de cuyo gobierno debia yo esperar una buena acogida, ylos medios de proseguir mi exploracion
continental.
Cobija, puerto de Bolivia, me saludó desde luego con el imponenteaspecto de las montañas que lo coronan.
Poco despues me desembarqué enArica para dar principio á mis viages por tierra. Abandonando bienpronto
las costas, me encaminé á Tacna, y en seguida emprendí miascension á las cordilleras por el camino de
Palca y de Tacora; mas, envez de tropezar allí con esas empinadas y agudas crestas, que se venfiguradas en
los mapas, me encontré sobre una dilatadísima planicie,colocada á la altura de cuatro mil quinientas varas
sobre el nivel delmar, y en la que únicamente se apercibian de trecho en trecho algunasmoles cónicas
cubiertas de nubes. Atravesando este encumbrado llano,vine á encontrarme luego en la cima de la cadena
del Chulluncayani. Alcontemplar desde allí la dilatadísima extension que se desplegaba antemis ojos, y la
tan grande variedad de objetos que las miradas alcanzabaná dominar á la vez, yo saboreaba un sentimiento
de indefinibleadmiracion. Es cierto que se descubren paisages mas pintorescos en losPirineos y en los
Alpes; pero nunca ví en estos un aspecto tan grandiosoy de tanta magestad. El llano Boliviano, que tiene
mas de treinta leguasde ancho, te dilataba á mis piés por derecha é izquierda hasta perdersede vista,
ofreciendo tan solo pequeñas cadenas paralelas, que parecianfluctuar como las ondulaciones del Oceano
sobre esta vastísima planicie,cuyo horizonte al norueste y al sudeste no alcanzaba yo á descubrir, alpaso
que hácia el norte veia brillar, por encima de las colinas que locircunscriben, algunos espacios de las
cristalinas aguas del famoso lagode Titicaca, misteriosa cuna de los hijos del sol. De la otra parte detan
sublime conjunto se divisaba el cuadro severo, que forma la inmensacortina de los Andes, entrecortados en
picos agudos, representando lafigura exacta de una sierra. En medio de estas alturas se levantaban elGuaina
Potosí, el Illimani y el nevado de Sorata mostrando su conooblicuo y achatado, estos tres gigantes de los
montes americanos, cuyasresplandecientes nieves se dibujan, por sobre las nubes, en el fondoazul oscuro de
ese cielo el mas transparente y bello del mundo. Hácia elnorte y el sud la cordillera oriental va declinando
poco á poco hastaperderse totalmente en el horizonte. Si me habia yo sentido lleno deadmiracion en
presencia del Tacora, aquí me hallaba transportado, y sinembargo no era esta sino una de las faces de aquel

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