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Crónicas de Marianela

Me canso de esta labor taquigráfica para tomar al pie de la letra unasesión política
tan importante y trascendental. Y hago punto. Sóloagregaré mi satisfacción y contento
por haber hecho las paces conPetrona, tan buena y tan amante de los suyos...
LA ABUELA DEL REY DE LOS CIPRESES, O EL ORGULLO ANCESTRAL
El portero me trae una tarjeta: «Es una señora vie-jita—dice—, ypregunta si la
señora puede recibirla». Leo: Melchora Ponce del Ebro deNuezvana.
Ordeno que la hagan pasar a un saloncito. «Díganla que tenga la bondadde
esperarme un momento». Y en seguida llamo a mi doncella para que meayude a
ponerme un traje de circunstancias, un vestido negro, de ciertaseveridad, pues me
parece que la entrevista va a ser grave.
Mientras me visto procuro dominar el desasosiego que me ha invadido alleer la
tarjeta. ¡Misia Melchora en mi casa! Es necesario dominar losnervios y ordenar las
ideas. Seguramente viene a hablarme de lapretensión de su nieto, Carlitos Nuezvana,
el rey de los cipreses,respecto a Inesita, mi querida protegida, mi futura hermana.
Quizá meproponga que la ayude a concertar el matrimonio. ¡Pobre señora! No sabelo
que ocurre.
Confieso que la entrevista me resulta un poco imponente. No es paramenos. Misia
Melchora es lo más alto entre lo más eminente oempingorotado de nuestra sociedad.
Sus apellidos, así los propios comoel de su consorte, fallecido 25 años hace, significan
doble tradición,colonial y patricia. Un Nuezvana fue virrey del Perú,
caballeroostentoso que imitaba en Lima el boato borbónico, según cuenta
RicardoPalma en sus apologías de aquellos magnates. Otro Nuezvana fue obispo ydio
lustre con sus austeras virtudes a la iglesia naciente deChuquisaca. Oidor de Charcas
fue otro Nuezvana. Ignoro lo que oiría enCharcas este oidor. La fama de los Ponces y
de los Ebros data aún' demás antiguo. Uno de los Ponces vino de piloto en la
expedición de donPedro de Mendoza. Luego pasó al Paraguay y fundó varios pueblos
quesiguen casi lo mismo que cuando él puso la primera piedra. Un Ebro fuecapitán de
una de las «naos» de Gaboto. Otro acompañó a Alonso de Vera yAragón en las
exploraciones del río Bermejo, y se internó en el Chaco,creyendo que eran de oro los
quebrachos. Por espacio de tres siglosfiguran estos apellidos, llevados por frailes,
navegantes, militares,corregidores, adelantados, oidores, etc., en los cronicones de
losdiversos virreinatos de la era colonial, advirtiéndose su andariegapresencia desde
Méjico hasta la Asunción, pues el antiguo españolaprendía la geografía andando.
Después, en la edad moderna, los Nuezvanas, Ponces yEbros—descendientes,
naturalmente, de los anteriores—alcanzaron tantoo mayor esplendor que sus
tataradeudos. Un Ponce fue coronel de laindependencia y brilló por su bizarría en
Ayacucho. Un Nuezvana,licenciado en derecho canónico, orador ampuloso y
 
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