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Crónicas de Marianela

Hay quien sostiene que los apodos son más lógicos que los nombres.Cuando el
mote alude a una condición moral, a un rasgo del carácter, auna modalidad particular
del espíritu, tiene, indudablemente, unadeterminación más apropiada que el nombre.
Es el bautismocorrespondiente a la idiosincrasia del sujeto. Existe cierta lógica
enesperar a que el individuo acuse su personalidad para luego aplicarle
ladenominación correspondiente; porque si el individuo es tímido como unconejo
casero, resulta paradógico ponerle el nombre de Napoleón. Pero elbautismo no tiene
por objeto calificar con precisión a los nacidos, sinoabsolverlos del delito de nacer—
porque se delinque naciendo—y evitarque, en el caso de nacer y morir
simultáneamente, frecuente desventuradoble, vayamos al Limbo, mansión dedicada a
los que no se han estrenadoen la vida con ningún acto molesto para los demás.
El mote tiene, pues, cierta lógica cuando caracteriza al individuo. Perolos apodos
transcriptos no dicen nada, no determinan las condicionesmorales de las personas: son
palabras sin sentido, verdaderas ñoñerías,que no pueden suplantar a los nombres
bautismales, de tan rico y remotocontenido filológico.
Como se ha visto, corre entre nosotros gran peligro el sacramentoinstituido o
iniciado en el Jordán por aquel santo varón, giróvagofluvial, que perdió la cabeza por
el raro capricho de la bailarinaSalomé.
SIN PRESIDENTA
La intervención de varias y bondadosas amigas ha influido de mododecisivo para
que Petrona y yo hagamos las paces, después de unos mesesde enojo y
distanciamiento por parte de ella, pues, por lo que a mítoca, nunca dejé de
considerarla como amiga; porque, dicho sea ensecreto entre los doscientos mil
lectores de «La Prensa», aunque Petronapadece cierto «tilinguismo» verboso, yo
siempre la consideré una damaexcelente, perfecta esposa y madre amantísima, no ya
sólo de sus hijas,sino también de los maridos de sus hijas; lo que se dice, en fin,
unabuena mujer, cosa difícil, porque, según un filósofo (me lo ha dicho mimarido, que
lee filosofía) la mujer es un hombre imperfecto.
Las bondadosas gentes que hacen a mis escritos la merced de sus ojosrecordarán la
causa del enojo de Petrona. Debióse a una malhadadacroniquilla mía en que relataba
las inquietudes de mi amiga ante elhermético silencio que precedió a la composición
del actual ministerio.Yo dije que, según Petrona y según todo el mundo, inclusive yo
misma,partícula diminuta del universo, pero con derecho opinante—que ungrillo es
un grillo y se le oye—el hombre señalado para la cartera deAgricultura por todo el
mundo, incluídos los grillos, era Eleuterio, elmarido de mi amiga, notable cultor de las
ciencias agrarias yespecialista, sobre todo, en el mejor aprovechamiento del maíz,
quedebe, según su doctrina, trasformarse en carne, sirviendo para ello deagente
digestivo cierta especie de la fauna doméstica, cuyo nombre nodebe estamparse en
 
 
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