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Crónicas de Marianela

—¡Con toda mi alma!...
—¿Le conozco yo?
—Sí. Es pariente cercano de usted; le ve usted todos los días...
—¿Mi cuñado?... ¿Raúl?
Por toda respuesta, la muchacha me echó los brazos al cuello. No seagarran los
náufragos a su leño con mayor firmeza.
—¿Pero él?...
—También él...
—Pero... vamos por partes... ¿se te ha declarado?
—Casi.
—Con «casi» no hacemos nada... ¡claridad! ¡claridad!...
—Bueno... sí... se me ha declarado.
—Y tú, ¿qué le has respondido?
Inesita casi me ahoga entre sus brazos: «¡¡Que sí!!...»
Mi alegría no tiene límites: «¡Inesita de mi vida, angelito, hermanamía, no sabes lo
feliz que me haces! Con Jorge, con Jorgito, contigo,con Raúl... ¡todos juntos! ¡qué
lástima que la vida no sea eterna!¡Nuestra dicha no va a caber en el mundo: va a
necesitar todos losespacios del cielo!...»
Abro el piano y toco una marcha nupcial. No sé qué nuevos sonidosarranca mi
alegría a las teclas. «Con esta marcha me casé yo; con estamisma te casarás tú».
—Sí, sí, ¡ay de mí!—dice tristemente mi dulce hermanita:—antes dellegar a esa
marcha, ¡buena lucha nos espera con mamá, con mis cuñadas,con las tías de Carlitos,
con la abuela del rey de los cipreses!—¡y queno es orgullosa la señora!—; con los
pagarés, con las hipotecas, con...
—¡Con el diablo a cuatro! Va a ser la guerra de los capuletos ymontescos,
agramonteses y beamonteses, federales y unitarios, una guerracivil encarnizada. Pero
venceremos. Tenemos de aliado al amor, que escomo tener de nuestra parte a Dios.
Hay que hablar con Jorge y con Raúlesta noche misma. Hay que trazar la batalla con
nuestro estado mayor.Reclamo en esta guerra el puesto de capitana. ¡Inesita, mi vida,
quéfeliz soy! Pero, sécate esas lágrimas; que no te vea yo llorar.¡Firmes!...
LA INUTILIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
 
 
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