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Crónicas de Marianela

yo noentiendo de estas cosas), más que un remedio: suprimirlos. En talsentido nuestra
América, tan atrasada, según los europeos, ha resueltoel problema en toda su
extensión continental. Según Eleuterio, el maridode mi ex amiga Petrona, que es,
como sabéis, hombre muy grave yreflexivo, los pueblos europeos acabarán por
adoptar las institucionesrepublicanas de los americanos, con las cuales es posible que
se matencon más frecuencia, pero será por propia iniciativa y gusto propio, y nopor
mandato del rey o por antojo de la reina.
En los magnos sucesos históricos, la reina se diferencia del rey por sumenor
sensibilidad ante lo que podemos llamar sentimiento responsable. Ala reina, como
mujer, apenas le preocupa la posteridad. El rey, encambio, suele ser muy sensible al
juicio de los siglos futuros. A lareina lo que más le importa es el triunfo inmediato de
sus ideas ydeseos, sobre todo, de sus deseos. El hombre es un fatuo del porvenir:la
mujer rara vez pasa de vanidosa presente. Y quizá la mujer se halleen esto mejor
orientada. La posteridad se compone de las gentes que aúnno han nacido. Y
conociendo a las que ahora existen, no es de suponerque sean mejores ni más sensatas
las que aparezcan sobre la tierra enlas futuras edades. La reina, más instintiva siempre
que el rey, tieneun juicio más exacto de la posteridad.
Resultará un poco extraño a mis habituales lectoras que yo trate estamateria de
psicología palatina. Debo sobre este punto una explicaciónreveladora del origen de
mis conocimientos. En realidad, yo no he pisadoen mi vida un palacio real ni he
conocido nunca a ningún monarca ni aninguna reina. No he estado en Europa.
Desciendo de un vasco remoto queen el primer tercio del siglo pasado empezó a
apoderarse de la tierrapor centenares de leguas. Por diversos entronques familiares, he
venidoa pertenecer, al cabo de un siglo, al patriciado de mi país y a su altasociedad. El
nombre y la opulencia—más aun la opulencia—determinaronque fuese elegida de la
comisión de damas para recibir y obsequiar,cuando el Centenario, a una altísima
dama, nacida en alcázar. Me hicemuy amiga de ella, honrándome mucho con su
intimidad. Y en nuestrasconversaciones, a fin de satisfacer mi curiosidad, tuvo la
complacenciade hablarme frecuentemente de las cortes europeas que ella conoce
tanto,de sus costumbres y hasta de sus secretos. Así, pues, este pequeñoensayo sobre
reyes y reinas está hecho con el auxilio de lasreminiscencias de aquellas parlas
interesantísimas...
FRIVOLIDAD Y TILINGUISMO
El jueves último dí en mi casa una fiesta sin pretensiones de sarao, unapequeña
reunión en obsequio de mis sobrinas, Carmen y Lucía, hijas de mihermana mayor.
Invité a las amigas de las muchachas y a varios jóvenes,pertenecientes, unas y otros, a
nuestro gran mundo.
 
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