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Crónicas de Marianela

mundo un puesto digno, conquistado porsu propio esfuerzo, aunque, claro está,
nosotros hemos de ayudarle; peroquiero decir que mi deseo es que en su lucha por la
vida tenga armaspropias, suyas, originales, obtenidas por medio de una
interpretaciónpersonal del mundo. Y si Dios, en su infinita bondad, se
dignaraconcedernos la suprema merced de besarle en la frente e iluminar
suinteligencia con los destellos del genio, desearía igualmente que fuerala suya una
genialidad única, personal, sin parecido alguno con lasdemás lumbreras que han
florecido en la tierra. Quiero, pues, que sea unmodelo, pero no imitado ni imitable.
Deseo para él el don de la máximapersonalidad.
—¿Tú no sabes que los seres muy originales no suelen ser los másfelices?
—Yo creo que lo más desdichado es no tener personalidad.
—Ya que no quieres que se parezca a mí, supongo que, en algo, desearásque se
parezca a tí.
—En una sola cosa. Deseo que cuando se case tenga por su compañera laintensidad
de amor que yo siento por tí. Es algo difícil...
—No, no; en esto no transijo. Quiero que su amor sea como el mío portí.
—Bueno: arreglemos este punto; que acumule en el suyo el de los dos.¡Vaya una
suerte que espera a la futura!...
Jorgito seguía dormido con placidez encantadora. Le llevamos a acostar.Su padre
arregló el almohadón de la cuna. La cabecita de rulos rubiosparecía una rosa dorada.
Nos quedamos mirándole, mudos y conmovidos.
—Después de todo lo que hemos hablado—dijo Jorge—quién sabe la suerteque le
espera en el mundo.
—¡Ay, sí, quién sabe, quién sabe! ¡Que Dios te proteja, alma de mialma!...
LAS REINAS EN LA GUERRA
En medio de la tragedia de los pueblos, los reyes continúan en perfectasalud. «Y
esto es lo principal», como decían los cortesanos de Versallesen tiempos de Luis XIV.
La salud del rey, en momentos de hondas perturbaciones y cataclismossociales, es
de una importancia fundamental. En las guerras, como en elajedrez—que es el remedo
más perfecto de las batallas,—el desastredefinitivo está en el jaque-mate al rey.
Mientras no se pierden más quealfiles, peones, caballos, torres, o la dama, la partida,
con todos susaccidentes, tropiezos, errores tácticos y estratégicos, no está aúnperdida.
Pero, cuando se pierde el rey, cuando sufre jaque-mate, todo seacabó de una manera
irremediable y definitiva.
 
 
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