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Crónicas de Marianela

—Disputándoselo al Jockey, procurando sustraerle de ese centro hípico.¿Te enojas
mucho cuando llega tarde?
—¿Y cómo no he de enojarme?
—Mal hecho. Es cuando debes ser más amable, más cariñosa. La primera ymás
importante cualidad de una mujer es la dulzura, una dulzuraconstante, inalterable,
eterna. Oye, Luisita: nada hay más duro que unapiedra; nada hay más blando que una
gota de agua; pues bien: la gota deagua acaba por ablandar a la piedra. No seas roca,
aunque tengas razónpara ello, sino gota de agua, y acabarás por vencer. Nada de ira,
nadade altercados y peleas. No es de hierro la mejor cadena, sino aquellaque forman
los blandos eslabones de nuestros brazos. La brusquedad noretiene: ahuyenta. Cuanto
más tarde llegue Daniel, más tierna y mássolícita debes ser con él. No hay mejor
apoyo para la mujer que lapropia blandura de su corazón. Esto, que parece nuestra
debilidad, esnuestra fuerza. Un día Daniel reconocerá que obra mal: le remorderá
laconciencia, y el grato recuerdo de tu bondad le arrancará del JockeyClub. Cultiva
además tu espíritu y tu ingenio con buenas lecturas, demodo que tu conversación sea
más vivaz y entretenida que la de susamigos del Jockey, cosa que no te será muy
difícil con poco empeño queen ello pongas. «El arte de la vida es hacer de la vida una
obra dearte». Este concepto es de uno de mis poetas predilectos, a quien debo,en
buena parte, la formación de mi pobre espíritu. Por lo demás,Luisita, el matrimonio es
una serie de concesiones. En él, cada unoquiere, por medio del otro, alcanzar un fin
personal; pero siendo elamor y el matrimonio la más espiritual combinación de
egoísmos, laexcesiva esclavitud o sometimiento de uno de los dos, refluye sobre
elotro, en virtud de la fusión de las almas; de manera que tanto siente laesclavitud la
esclava como la esclavizadora. Del conocimiento intuitivode esta condición del amor,
nace la tolerancia, el mutuo ceder, hastaque los egoísmos se convierten en recíproca
generosidad. Cuando sequiere mucho se transige mucho.
—¡Ay, hijita, le quiero!... ¡tú no sabes cómo le quiero! Y con todotransijo, menos
con que se quede toda la noche en el Jockey. Con eso notransijo, ¡no transijo y no
transijo!
—Está bien, Luisita. No debes transigir. Pero la transigencia, como laintransigencia,
tiene sus métodos. Se puede ser intransigente conbondad, con dulzura, con suavidad.
No te pongas nunca furiosa; no seasagria, díscola, violenta. La cólera es el peor de los
métodos.
—Cuando llega estoy lo más enfadada. Pero sólo con verle se me pasa elenojo. Su
presencia es para mí lo que para los pájaros la aurora. Luego,ya sabes cómo es de
gracioso y ocurrente. Hijita, empieza a hablar y aembromarme y... bueno, al ratito no
más, ya me estoy riendo como unaloca. No tengo carácter y, claro, hace lo que quiere.
—Tienes que disputárselo al Jockey.
 
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