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Crónicas de Marianela

Eleuterio está dispuesto a consagrar susluces, que son focos extraordinarios, a la
agricultura y a la ganadería,puntales de la economía pública. Por otra parte mi
patriotismo meobligaba a revelar el secreto de don Eleuterio, pues hubiera
podidoocurrir que por desconocer su deseo quien ha de nombrarlo, que es
hombretambién de mucho secreto, perdiera el país la colaboración de unestadista que
puede ser la lumbrera del futuro gobierno. Ya ve Petronaque en vez de una charlatana,
como ella me llama en su colérica carta,he sido prudente y he obrado con suma
discreción, velando por losintereses, siempre sagrados, de la patria. Lo inconveniente,
por lotanto, hubiera sido guardar el secreto, ocultando que los deseos de todoel mundo
y de don Eleuterio son felizmente coincidentes.
Además, en política no hay secretos; todo acaba por saberse, aunqueconfusamente;
y es casi seguro, aunque yo no lo hubiera dicho, que todoel mundo habría concluído
por saber, o por sospechar, al menos, que donEleuterio está dispuesto a ser ministro.
Yo no he hecho más que ahorrartrámites, ganar tiempo, difundiendo la grata noticia
de que el marido dePetrona aceptará la cartera de Agricultura. La misión esencial
delperiodismo es secundar la obra del gobierno, contribuyendo a su
sólidaorganización. Y nada más sólido que don Eleuterio.
El resto de mis revelaciones carecía de importancia. Me limitaba a decirque, según
Petrona, nadie sabe nada; todo es un secreto. Los secretosperfectos estriban
precisamente en que nadie sepa nada, porque encuanto alguien sabe algo, pronto lo
sabe todo el mundo, hasta que,alterado el hecho de revelación en revelación, todo el
mundo vuelve a nosaber nada.
Estoy afligida. La política me ha hecho perder una excelente amiga.Maldigo de la
política, y juro que nunca he de volver a meterme en ella.
LA DESVENTURA DE LUISA
Mi amiga Luisa está desconsolada. Ayer estuvo en mi casa, y, al contarmesus
cuitas, rompió en llanto. Su gran desconsuelo no está en relacióncon la causa que lo
produce. Mi amiga tiene fáciles lágrimas, y no menosfácil tiene la risa. Con esto
queda dicho que es muy sensible a todaslas emociones. Se casó hace un año con
Daniel; una boda por amor, muy agusto, además, de ambas familias, que pertenecen al
cogollito de nuestra«haut». El noviazgo fué un idilio ante el cual palidecen los
deliquiosde Romeo y Julieta. En los salones, fiestas y saraos no se separaban
uninstante. Un escritor francés, un poco irónico siempre que habla deamor, dice que la
causa de que los enamorados no se fastidien de estarjuntos consiste en que siempre
están hablando de sí mismos. Luisa yDaniel, en el trascurso de su noviazgo, no
lograron agotar el tema. Suadhesión espiritual superaba cuanto ha imaginado el más
excelso poetalírico. Pero todo ha terminado, si nos guiamos por las copiosas
lágrimasde Luisa.
 
 
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