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Crónicas de Marianela

Por fortuna aquello pasó pronto. A medida que fuí adquiriendo fuerzas,desapareció,
poco a poco, aquel estado moral, que en el fondo no era másque cobardía ante esa
cosa terrible que se llama eternidad, el problemade los problemas, el único problema
verdadero, pues todos los demásquedan resueltos con la exhalación del último hálito.
Toda enfermedadapaga el valor y enciende el espíritu.
Te estoy hablando de cosas que no entiendo bien. Quizá no las entiendebien nadie.
La palabra sólo sirve para expresar cosas vulgares; pero lahumanidad está tan
ensoberbecida con esta facultad del lenguaje, quecree tener en la palabra el
instrumento revelador de todo cuanto nossucede. Yo no entiendo estas palabras:
«eternidad», «infinito», «vida»,«muerte». Sin embargo, nos explicamos con ellas; nos
explicamos sinentendernos, y esto es precisamente lo más entretenido de la vida. Y
asívamos, apaciblemente, acercándonos a un fin desapacible. Todo esto me losugirió
la lectura del místico flamenco, al cual debí, durante algunashoras, un verdadero
estado de gracia.
Pero luego, al ir ganando vida, me puse lo más dengue y melindrosa. Latendencia
de todo enfermo es envolver a todo el mundo en el tono de sudolencia. Mi
enfermedad era la cosa más importante que había existido enel mundo. A Jorge le he
mareado, afirmándole a cada momento que heestado al borde del sepulcro. Le he
preguntado mil veces si lloró cuandoestaba tan mal; él dice que no, porque siendo
muy tierno, tiene el pudorde no demostrarlo; pero yo sé, por las sirvientas, que andaba
gimoteandopor los rincones. También le preguntaba si se hubiera vuelto a casar siyo
llego a morirme. Su respuesta fué muda, pero elocuente. Nadaespiritualiza tanto el
amor como el envolverlo en la idea de la muerte,pues con ello se traslada al mismo
cielo. Ya ves cómo una pequeñaenfermedad puede dar sublimidad a la vida. Si la
humanidad fuerainmortal se vulgarizaría de una manera deplorable.
Esta charla a grifo suelto es ya muy larga. Y no he hablado aún delinteresante
contenido de tu carta. Te felicito por tu actitud alencerrarte en la estancia, ayudando a
Ricardo a reconstruir la fortuna.Pero de todo esto hemos de hablar despacio otro día.
Entretanto, hagovotos por el crecimiento de vuestros rebaños, porque tus cisnes
sigantan fastuosos, tan lindos tus patitos y tan ponedoras tus gallinas.Jorge me
encarga te salude, lo mismo que a Ricardo. Y tú recibe mi másestrecho y apretado
abrazo.—Marianela.
LAS INQUIETUDES DE PETRONA
Ayer vino a visitarme mi amiga Petrona. Tomamos té y charlamos mucho,mejor
dicho, charló Petrona, porque yo apenas hice más que oirla.
 
 
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